El equipo económico del presidente López Obrador estimó que la economía de nuestro país crecería en 6% para el fin de su sexenio. Increíblemente siguen creyendo que lo lograrán, a pesar de que especialistas nacionales y extranjeros tienen otros datos. La única verdad es que, si no hay un cambio en la forma en la que se toman las decisiones de política pública, México se encamina irremediablemente hacia una peligrosa desaceleración que nos puede llevar a una nueva crisis económica.

Hace unos días, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) presentó los resultados de la Estimación Oportuna del PIB correspondiente al primer trimestre del 2019. Las cifras demostraron que la economía cayó en 0.2% en el primer trimestre, con decrecimientos tanto en el sector secundario (industrial) como en el terciario (servicios), y hubiera sido peor de no ser por el crecimiento registrado en el sector primario de 2.6 por ciento. Es decir, ya es un hecho que el mal manejo de la política nacional nos ha puesto en la ruta de la incertidumbre, desincentivando las inversiones privadas y afectando seriamente nuestra estabilidad.

Tomen nota de estos datos: sólo 5% de los analistas consultados por el Banco de México considera la coyuntura actual como un buen momento para invertir, mientras que 84% piensa que el clima de negocios no va a mejorar en los siguientes seis meses. Asimismo, estos señalan que, de no superar los retos de incertidumbre e inseguridad pública, México no podrá alcanzar tasas de crecimiento superiores a 2%, ni siquiera en un plazo de ¡10 años!

Para rematar, José Ángel Gurría, secretario general de la OCDE, y uno de los economistas más prestigiosos en el mundo, señaló que la economía mexicana sólo crecería 1.6% al cierre de este año, derivado de las enormes desigualdades que existen en nuestro país, pero particularmente de la estrategia que tiene el gobierno para rescatar a Petróleos Mexicanos (Pemex).

Como lo he reiterado en varias ocasiones, el manejo actual de Pemex representa una amenaza real para la economía nacional, y especialmente para las economías de los estados que dependen de la actividad petrolera, como es el caso de mi estado, Tabasco, que además fue la entidad federativa con mayor decrecimiento económico en el periodo, registrando una caída de 10.4% sobre su PIB.

Hoy, el Edén de México se encuentra sumido en una recesión sin ninguna política económica diferente de la energética para salir adelante, ¡algo sumamente lamentable!

Finalmente, no puedo dejar de mencionar que la arbitraria decisión de cancelar el aeropuerto de Texcoco, pese a que diversos grupos de empresarios han manifestado pública y oficialmente la urgencia de retomar este importante proyecto de inversión para mejorar la competitividad e incentivar el turismo, pone en duda la capacidad del gobierno para honrar futuras inversiones privadas. Estoy convencida de que, si no hay cambio de timón sobre este proyecto y sobre el sector energético, los inversionistas no pondrán un peso más en México, dejándole toda la carga a las ya débiles finanzas nacionales.

Por eso insisto en que es necesario enfocar los esfuerzos para recuperar la confianza, tanto de los inversionistas, para que haya más empleos y mejor remunerados, como de los ciudadanos, para que haya un mayor consumo. El presidente podrá asegurar todas las mañanas en su conferencia de prensa que la economía nacional está bien encaminada, pero hasta que los funcionarios de gobierno no hagan bien su chamba, lo único que tenemos son señales claras y a la vista de una posible e inminente crisis económica.

¡Hasta nuestro próximo encuentro!

Soraya Pérez

Economista

Entre Números

Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana A.C.