Se le ha dado un mayor poder ?al sector financiero y más dolor ?y menos derechos a los ciudadanos.

Sebastián Piñera, ex presidente de Chile, acaba de reconocer un hecho incontrovertible cuando dice: Hoy América Latina no está creciendo. Estamos con graves problemas con muchas de nuestras democracias, instituciones y, por tanto, el balance no es bueno. El gran desafío es dejar atrás esta frustración, recuperar el tiempo perdido y ponerse en la senda del progreso y del desarrollo (...) América Latina lo ha tenido todo y no lo ha sabido aprovechar .

Esta opinión es valiosa porque la hace un político serio que ejerció el poder como presidente de Chile, país democrático y con avances sociales y económicos importantes, a diferencia de algunos gobernantes latinoamericanos caracterizados esencialmente por la demagogia y la irresponsabilidad. Todavía no entienden que la política económica y social constituye una ingeniería de medios y fines, que exigen mucho conocimiento del terreno que pisan, de necesarias negociaciones, de interdependencia con el mundo exterior, de la educación que debe elevar su calidad, de la fuerza laboral capacitada para el trabajo.

Se evidencia en los países de América Latina, principalmente en los más grandes por el tamaño de su economía, población y sociedad, que sus presidentes sólo se concentran en las alianzas políticas para mantenerse en el poder. El manejo de la política económica se lo encargan a banqueros o economistas que esencialmente hacen políticas de consolidación fiscal, olvidándose de las políticas expansivas que se orientan al desarrollo económico y social.

En los 80 se abandonó en América Latina la política de desarrollo económico y social, que tuvo exponentes notables, mismos que buscaban que los países avanzaran. Se dio incluso una competencia de metáforas: el gran impulso (Paul Rosenstein-Rodan), el despegue (W. Rostow), la gran explosión (A. Gerschenkron), el esfuerzo mínimo crítico (H. Leibenstein) y los enlaces hacia atrás y hacia adelante (A. Hirschman). Esta última teoría sostenía que cuando ocurre una etapa de vacas gordas en la economía por un sector dinámico o exportaciones importantes, deberían orientarse políticas para beneficio productivo de toda la economía. La principal crítica que se ha hecho a los gobiernos latinoamericanos es que ello no ha sucedido.

Todo este andamiaje de aportaciones valiosas se terminó cuando se impuso para todo el mundo la política de restricción económica, sostenida básicamente por Margaret Thatcher en el Reino Unido y por Ronald Reagan en Estados Unidos. Ellos secuestraron las ideas liberales y las convirtieron en un fanatismo que es la causa fundamental del estancamiento de Europa y muchos países más. Se le dio un excesivo poder al sector financiero y más dolor y menos derechos a los ciudadanos. No es casual que un día que el periodista Philip Larkin visitó a Margaret Thatcher, ésta le recordó una frase de Larkin referida a ella que le gustaba mucho: Tu mente yace abierta como un cajón de cuchillos .

Los gobiernos de América Latina han vivido en la inercia de esa política económica, siguiendo los lineamientos del Fondo Monetario Internacional, y los políticos están cautivados por la austeridad fiscal y por objetivos de inflación inamovible. Esto al costo de ampliar los problemas sociales.

En la vida cotidiana, en vez de algo de solidaridad, lo que prevalece es el capitalismo del ego, que por supuesto, genera monstruos.