En México, 34% de los ingresos familiares se destina a los alimentos y dentro de ese monto 70% va directo a la compra de productos derivados del maíz.

El mundo vive una crisis alimentaria que sólo ha encontrado una tregua en la recesión.

La crisis de los precios de los alimentos que padeció el mundo durante el 2007 y el 2008 no ha sido solucionada, los incrementos de los precios de la comida sólo encontraron una tregua en la recesión.

El índice de precios de los alimentos que mide la Organización de las Naciones Unidas para Alimentación y la Agricultura (FAO) mostró un claro descenso desde mediados del 2008, se mantuvo bajo durante el 2009 y la primera parte del 2010. A partir del inicio de la recuperación económica de ese año otra vez el índice subió de forma constante.

Hoy, el indicador de precios de los alimentos de la FAO está en ascenso y cercano a sus niveles máximos históricos. El registro al cierre de julio pasado fue de 213 puntos. Un nivel ascendente ya no tan lejano del máximo histórico de los 230 puntos.

Este indicador está conformado por subíndices. Mide entre otras cosas los precios del azúcar, los aceites, granos, lácteos y cárnicos.

El precio del endulzante es el más volátil y el que más altibajos ha sufrido durante los últimos años. Los precios de los aceites y granos han perdido su estabilidad durante este año.

Los precios de los lácteos y cárnicos presentan el más estable de los comportamientos, reflejan la realidad de ser simplemente alimentos. Productos que además no están al alcance de toda la población.

Y cuando digo que la carne y la leche son sólo alimentos, justo me refiero al papel que se ha encontrado en otros productos como los granos.

En la búsqueda de energéticos sustitutos del petróleo, los biocombustibles han tomado un lugar importante, aunque no deseable en el mercado energético.

La demanda de granos para procesarlos con fines de obtener combustibles provocan una competencia desleal con su uso alimenticio.

El cambio climático ha provocado estragos en estos mercados que enfrentan una demanda creciente.

Hace unos años, la sequía en la región central de Rusia provocó un disparo en el precio de algunos granos como el trigo, ahora la sequía en los campos estadounidenses implican que los precios del maíz se disparen a niveles históricos, al tiempo que otra vez la falta de lluvias amenaza los plantíos euro-asiáticos.

El precio del maíz es de gran sensibilidad para la economía mexicana, pues la dieta nacional está basada en este grano y la alimentación de los sectores más vulnerables puede llegar a contener este alimento como la fuente calórica más importante.

En promedio en este país, 34% de los ingresos de una familia se destina al consumo de alimentos y dentro de ese monto 70% va directo a la compra de productos derivados del maíz.

Un incremento en el precio del maíz amarillo implica un aumento encadenado en al menos 50 productos, ya que es un insumo intermedio. Desde el alimento para el ganado hasta el uso como endulzante y aditivo industrial.

Se convierte entonces en un asunto de atención prioritaria abastecer adecuadamente el mercado.

La especulación es otro terrible mal que afecta el mercado de alimentos, desde la negociación de futuros que no puede evitar ese componente de ser un mercado financiero especulativo, hasta los abusos de esconder el producto para influir en su precio.

Durante la crisis del maíz de México del 2007 no fueron pocas las bodegas de granos descubiertas que buscaban provocar alzas en los precios para después vender más caro el producto escondido.

Los futuros del maíz han subido más de 58% en un par de meses y se han alcanzado precios nunca antes vistos, cuando las expectativas de las cosechas futuras son poco alentadoras.

Es un hecho que el mundo está en una crisis alimentaria que debe encontrar soluciones locales. Es muy probable que ante la escasez se pueda dar un fenómeno de cierre de las fronteras a la exportación y sea difícil conseguir en el exterior cubrir las limitantes internas.

Es indispensable que el gobierno que se va le enseñe muy bien al gobierno que entra todo lo que han aprendido en estos años de crisis de la comida, para que no paguen la novatada como le pasó al gobierno de Calderón.

Porque es un hecho que vienen tiempos difíciles en la mesa de los mexicanos.

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