Los resultados de un estudio realizado por la OMS y el Instituto Guttmacher, publicado por The Lancet y retomado por El País hace unos días, muestran -en palabras de Gilda Sedgh, lideresa del estudio- que aprobar leyes restrictivas no reduce la tasa de abortos pero sí aumenta la muerte de mujeres . ¿Qué significa, entonces, estar en favor de la vida? ¿Ser antiabortista? Los países que legislan en favor del aborto no intentan aumentar el número de interrupciones del embarazo, sino garantizar las condiciones sanitarias adecuadas en las que éstos se practican para evitar la muerte de las mujeres. Es un tema de salud pública.

A continuación, hago referencia a algunos de los resultados que se muestran en este estudio:

La relación entre abortos y legislación es un continuo. A legislación más restrictiva (siendo el extremo la prohibición del aborto), la tasa de abortos por cada 1,000 mujeres entre 15-44 años supera 30 por ciento. A legislación más permisiva (siendo el extremo el aborto permitido), ésta es alrededor de 20 por ciento.

En el 2008, la tasa de abortos (cada 1,000 mujeres) en Europa era de 27% y en EU, de 19 por ciento. En ese mismo año la tasa de abortos en África era de 29% y en Sudamérica, de 32%, la más alta en el mundo.

¿Cuántos de éstos son inseguros? En EU, 0.5% de los abortos lo es. En Europa, 9%; en Sudamérica, 97%, y en África, 95 por ciento. Casi la totalidad de los abortos se realiza de forma clandestina, en lugares que no cumplen con los requisitos mínimos de higiene. El de Sudamérica es el peor de los casos: conjunta la mayor tasa de abortos en el mundo y el mayor porcentaje de prácticas inseguras de éstos. Es alarmante.

¿Cuántas mujeres pierden la vida así? En el estudio se calcula que en el mundo, en el año en cuestión, 47,000 mujeres murieron por complicaciones asociadas con el aborto. ¿Cuántas vidas se hubieran salvado si no se hubieran embarazado o si no hubiesen interrumpido su embarazo en forma riesgosa?

Para reducir el número de abortos hay que disminuir el número de embarazos no deseados. Criminalizar a la mujer no es la solución. Educarla, sí. Políticas de educación sexual, sí. Una red de planificación familiar sólida, también. Éste debería ser el punto de encuentro entre aquellos que están de un lado y de otro del debate.

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