Conforme transcurre el año, las cifras confirman que poco a poco la economía se recupera. Sin embargo, la crisis ocasionó fuertes desequilibrios que ahora han comenzado a reflejarse.

Sabemos que gran parte de la recuperación ha estado apoyada por los estímulos económicos que las economías, tanto emergentes como desarrolladas, emitieron para hacer frente a la crisis.

Hoy estamos cada vez más cerca del momento en el que iniciará la corrección monetaria en Estados Unidos, lo que implica una menor liquidez en todo el mundo. Lo cual, sin duda, tendrá efectos sobre el comportamiento de los mercados.

Como mencionamos al principio, los elevados déficit fiscales en los que cayeron los países y la dificultad para solventarlos son un punto que genera mucha preocupación y nerviosismo.

Así, es necesario que se comiencen a plantear las estrategias de salida para de los elevados déficit, entre los que destaca el de Estados Unidos.

Actualmente este país tiene un déficit de 12.5% del Producto Interno Bruto (PIB); pero no es el único, Reino Unido presenta uno de 11.6%; España de alrededor de 12.3% y, en general, en la Unión Europea de 6.2%; mientras que Japón se encamina a uno cercano a 11 por ciento. La magnitud de los desequilibrios parece ser insostenible.

Al menos así lo demuestra la situación de Portugal, Grecia, España y otros países de la zona euro.

Por lo anterior, resulta primordial que se comience a hablar de las estrategias de salida, de lo contrario se corre el riesgo de que se genere una nueva crisis de deuda en algún otro país o peor aún, que se deterioren las perspectivas de recuperación para la economía mundial.

De esta manera a corto plazo, nuevas revisiones en las calificaciones de deuda soberana por parte de las calificadoras internacionales podrían generar cierta presión sobre los mercados.

Por el momento, considerando las condiciones actuales, es decir un crecimiento de la economía estadounidense de 3.2% en el primer trimestre del año, con un sólido desempeño del consumo favorecido por el impulso brindado por los bienes durables hace pensar que en el segundo trimestre se mantendrá el crecimiento.

Sin embargo, para el consumo no se esperan elevadas tasas de crecimiento y es que en el último comunicado de política monetaria la Reserva Federal destacó que los empleadores se muestran renuentes a expandir la nómina.

Y mientras el empleo no repunte, el consumo (que representa 70% del PIB) crecerá a un ritmo modesto.

La economía de Estados Unidos ha creado sólo 240,000 empleos de los más de 8 millones que se perdieron durante la crisis, así la confianza del consumidor permanece relativamente estancada.

Por su parte, las condiciones de las economías emergentes resultan más estables y sólidas, de manera que más de uno considera que países como China, India y Brasil serán los principales promotores del crecimiento mundial.

Las economías desarrolladas parecen pasar a un segundo plano, además, considerando los fuertes problemas económicos es altamente factible que el estancamiento económico se prolongue por más tiempo del esperado en un principio.

Y es que se tendrán que llevar a cabo programas de austeridad para hacer frente a los desequilibrios fiscales, lo que sin duda mermaría el crecimiento.

Quizá la buena noticia es que no se vislumbran presiones inflacionarias. En Estados Unidos la inflación subyacente del último año apenas alcanza 1.1%, lo cual explica la percepción de los mercados de que la Fed mantendrá sin cambios sus tasas de referencia aun y cuando nota signos de mejoría en la economía.

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