Aún y cuando algunos expertos han señalado que la entrada en vigor del nuevo NAFTA o T-MEC reactivará la economía mexicana, pienso que en el corto plazo sería muy prematuro afirmarlo, toda vez que los 3 participantes de este tratado aún están lejos de poderse ajustar a las nuevas disposiciones establecidas en este reciente acuerdo comercial.

Adicionalmente, hay que considerar que aunque la mayoría de las personas son más optimistas sobre el futuro que nos espera, tenemos que reconocer que las condiciones económicas actuales son peores que las de hace 6 meses y que las grandes amenazas, tales como el malestar social y las altas tasas de desempleo todavía subsisten, independientemente del Covid-19 que sigue tomando fuerza y que, desde mi perspectiva, sigue siendo el riesgo más importante tanto para la salud pública como para la economía de México y del resto del mundo.

Pero además, hay otro factor que tenemos que considerar y éste es la incertidumbre. No obstante las grandes cantidades de dinero que ya han sido dispersadas a través de diversos programas sociales, la incertidumbre económica para muchas familias y negocios persiste y por lo tanto, estos actores se han mantenido al margen, ya sea del consumo o bien de la inversión. Para que el proceso de recuperación económica se de, es fundamental contener el virus, ya que mientras se mantenga el distanciamiento social voluntario, el ahorro preventivo, los altos niveles de desempleo, los bajos niveles de ingreso, así como el insuficiente apoyo de la política fiscal vigente, la reactivación del consumo y por ende, de la economía, será extremadamente lenta.

En adición a lo anterior, también hay que considerar estos cuatro factores: i) el regreso a la operación plena de las compañías no se dará antes de que termine este año, ii) dicho regreso variará ampliamente por sector y/o industria, iii) el incremento del trabajo virtual o remoto acelerará la adopción de nuevas tecnologías y el desarrollo de nuevos canales de comunicación/producción, y iv) un sinnúmero de empresas, desgraciadamente, pasarán de tener problemas de liquidez a problemas de solvencia, poniendo nuevamente a prueba la fortaleza de nuestro sistema financiero.

Ahora bien, atenuando lo anterior, algunas voces señalan que el crecimiento económico no es importante y que lo que tenemos que medir es el grado de felicidad; sin embargo, yo discrepo totalmente y coincido con Yuval Noah Harari quien, atinadamente en su libro Homo Deus, señala que el crecimiento económico es vital por tres diferentes razones: i) cuando producimos más, podemos consumir más, elevando nuestro nivel de vida y presuntamente disfrutando así una vida más feliz, ii) mientras la población se siga multiplicando, el crecimiento económico es necesario para mantenernos en donde estamos, y iii) si la economía no crece y el tamaño del pastel se mantiene igual, solamente le puedes dar al pobre quitándole al rico, con el riesgo de generar resentimiento (polarización social) y en algunos casos, hasta violencia. Si queremos evitar el resentimiento social y la violencia, necesitamos un pastel más grande pero, diría yo, preservando la equidad social y asegurando la armonía ecológica.