El plan era muy claro y a mi juicio acertado. Después del triunfo electoral, el logro de las reformas estructurales pendientes y el anuncio del aeropuerto capitalino restaurarían la confianza de los inversionistas y empresarios, precondición indispensable para el anhelado crecimiento económico. Los frutos de ese logro harían posible asegurar la victoria electoral en las elecciones subsecuentes.

A pesar de tan juiciosos planes, la restauración de la capacidad de crecer se aparece muy elusiva. Varios obstáculos se interponen en el logro de tan deseada y trascendente aspiración. Entre ellos, no cabe desdeñar la acción efectiva de los antagonistas del gobierno de Peña Nieto y también, de paso, del proyecto económico que ha lanzado. Que no se hagan ilusiones los asesores políticos del presidente si piensan que la sed de sangre de Carmen Aristegui ya se sació con la denuncia de la casa blanca . La ambición trabaja y seguramente irá por más en la medida en que le sea posible. Muchos grupos que protestan por los muertos de Ayotzinapa también son opositores del proyecto económico y luchan por que la crispación social que se ha desatado obstruya el desarrollo económico.

La memoria histórica es, por desgracia, también poco propicia para que el estancamiento económico se destrabe. La cadena de acontecimientos traumáticos desfavorables que se suman en un sentido negativo es larga, pero me permito destacar dos particularmente negativos. Sobresalen las dos inmensas decepciones que significaron los sexenios de López Portillo y de Salinas. El primero de ellos supuestamente nos iba a situar en posibilidad de aprender a administrar la abundancia y el segundo colocaría a México en el primer mundo , y ambos terminaron en un aborto triste y desconcertante.

Los acontecimientos de coyuntura tampoco ayudan. Encima de la agitación política prevaleciente, ha caído como un balde frío el desplome del precio del petróleo, que afecta la recaudación fiscal y también los ingresos por exportación. Este hecho puede potenciarse negativamente si el retiro del estímulo monetario en Estados Unidos incide desestabilizadoramente sobre las tasas de interés internacionales provocando mayor volatilidad.

¿Qué hacer? Por desgracia, no se ve en el horizonte una salida fácil. Además, si acaso ésta es posible, difícilmente podrá encontrarse en el ámbito económico. Se necesitaría un golpe de timón verdaderamente espectacular para fortalecer el erosionado prestigio del régimen. Algo parecido al encarcelamiento de Elba Esther o quizá la captura de La Tuta.

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