Ben Shalom Bernanke va a dejar la política monetaria de Estados Unidos prendida con alfileres y le tocará a Janet Yellen retirar esos broches con mucho cuidado.

Lo bueno es que la próxima Presidenta de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) es una de las manos que han contribuido a encender la fábrica de dólares a todo lo que da durante los últimos años.

La economía del mundo está llamada a crecer este año y será precisamente Estados Unidos el principal motor mundial, de acuerdo con la visión de los analistas, incluidos los de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y el Banco Mundial (BM).

Este último organismo dio a conocer sus pronósticos del comportamiento económico para este 2014 y las noticias son buenas. Tenía tres años que el Banco Mundial no mejoraba sus pronósticos y ahora lo lleva a 3.2% al cierre de este 2014.

El mundo va a crecer, incluida la zona euro, pero el motor central de la buena esperanza de este año será Estados Unidos.

La estimación del BM es que la economía más grande del mundo tenga un nada despreciable crecimiento de 2.8 por ciento.

Es sin duda una gran fortuna que la primera economía del planeta regrese al camino del crecimiento, que no veía de manera tan clara desde antes de los tiempos de la gran recesión del 2008-2009. Es todavía de más suerte para México que el detonante del crecimiento sea el enorme país del norte.

El sector industrial mexicano estuvo en recesión buena parte del año pasado, en buena medida, por la baja de las exportaciones a Estados Unidos. Pero un incremento en la demanda de la industria y los consumidores de ese país generarán un despegue que puede ser muy importante.

Por ello, el propio Banco Mundial anticipa para México un crecimiento este año de 3.4 por ciento.

Pero es en este escenario donde hay que recordar aquello de que las mejores medicinas, las que curan los padecimientos más terribles, tienen efectos secundarios.

El mundo está inundado de dólares que la Reserva Federal lanzó a la economía estadounidense en un intento de mantener a flote el crecimiento estadounidense, que se enfrentaba a la posibilidad de una nueva recesión ante la imposibilidad de más estímulos fiscales.

Muchos de esos recursos salieron corriendo al mundo, en busca de mejores rendimientos que los muy bajos premios que se encontraban en los instrumentos financieros locales. La liquidez artificial calentó los mercados mundiales.

Hoy que la economía va a crecer, la Fed tiene que limitar sus planes de liquidez para evitar que el dinero tan barato pueda crear distorsiones indeseables, como la inflación.

Una mala estrategia de retiro de la medicina monetaria puede ser la célula de una enfermedad global mucho mayor. Por eso es que la señora Yellen, de la mano de Stanley Fischer, como número dos de la Fed, debe mostrar todo su talento para que la osadía del banco central sea recordada como un afortunado movimiento de salvamento y no como el detonante de otra crisis.