En su artículo del viernes pasado en estas páginas, Luis Miguel González mencionó cuatro elementos necesarios para que la economía crezca a mayores tasas de lo que ha venido creciendo durante las últimas tres décadas, un mediocre 2% anual. Mencionó cuatro elementos: una menor regulación de los mercados, particularmente aquellas que afectan relativamente más a las pequeñas empresas, una mayor tasa de inversión privada, impulsar el crecimiento de los estados del sur del país y un abatimiento de la inseguridad y de la corrupción. En este artículo abordaré algunos aspectos de estos cuatro factores.

Regulación. Uno de los principios básicos que debe guiar la política pública, en particular la económica, es dotar a los diferentes mercados de una regulación eficiente y transparente, una que no se constituya como un elemento que imponga altas barreras de entrada y salida de los mercados.

En este sentido, la economía mexicana está excesiva e ineficientemente regulada con disposiciones en los tres niveles de gobierno pero particularmente por regulaciones impuestas por parte de los gobiernos estatales y municipales. Este tipo de barreras regulatorias aumenta los costos para las empresas, lo que inhibe su creación, formalización y crecimiento. Como señaló Santiago Levy en su libro Esfuerzos mal recompensados. La elusiva búsqueda de la prosperidad en México, 92% de las empresas tiene menos de cinco empleados y sólo 1% tiene más de 50. Esto es un indicador de que la regulación a la que se sujeta a las empresas es, a todas luces, ineficiente y por lo mismo costosa.

Que la mayor parte de las empresas sean tan pequeñas implica que éstas no pueden generar economías a escala y que además operan con tecnologías de producción obsoletas, factores ambos que derivan en una muy baja productividad de los factores de la producción; un lastre sobre el crecimiento. Regulaciones ineficientes hay de varios tipos, como fiscal, laboral y de seguridad social, pero una que resalta es la que permite a los empleados públicos que la administran actuar como buscadores de rentas, una importante fuente de corrupción. Mientras no se trabaje en una reestructuración a fondo de toda la regulación, seguirá siendo una barrera que inhiba el crecimiento.

Inversión privada. En la misma línea, detonar una mayor inversión privada requiere como condición indispensable una más eficiente regulación, pero hay además otros factores a considerar como la protección y garantía de los derechos privados de propiedad por parte del Poder Judicial, en particular la garantía del cumplimento de contratos (que en México es la mayor deficiencia institucional), una eficiente infraestructura de comunicaciones y transportes, acceso competitivo y seguro a fuentes de energía (electricidad y gas natural), fuerza laboral con alto capital humano, etcétera. En todos estos rubros es crucial lo que vaya a hacer el próximo gobierno. Malas decisiones de política pública pueden entorpecer e inhibir la inversión privada y el crecimiento.

El sur. Cuando se habla de los estados del sur, es importante separar Campeche y Tabasco (entidades que han experimentado la significativa reducción de la producción de petróleo) de Chiapas, Guerrero y Oaxaca. Estos tres estados, con características particulares cada uno de ellos, tienen sin embargo cosas en común: poca infraestructura de comunicaciones y transportes, sin acceso a fuentes de energía (particularmente gas natural), muy bajos niveles de capital humano y una notable debilidad institucional. Atacar el subdesarrollo en estas tres entidades es sin duda un enorme reto.

Inseguridad y corrupción. Ambos fenómenos tienen un muy elevado costo económico y requieren ser abatidos. El problema es que en ninguno de los dos parece haber claridad sobre lo que el próximo gobierno planea hacer.

Isaac Katz

Economista y profesor

Punto de vista

Profesor de Economía, ITAM. Caballero de la Orden Nacional del Mérito de la República Francesa. Medalla al Mérito Profesional, Ex-ITAM.