La gripe china o coronavirus representa la primera pandemia en la era de las redes sociales y, por tanto, la gran oportunidad que tenemos los seres humanos para demostrar nuestra solidaridad y bonhomía para con el prójimo; siendo los únicos que aniquilan a los de su propia especie por intereses o por gusto, hoy asistimos al reto de demostrar civilidad, educación, orden y, sobre todo, empatía y misericordia con los demás. Al mismo tiempo, cuando se cuestiona la economía de libre mercado y se discute en el mundo el papel de los estados como nuevos garantes del desarrollo, bienestar e igualdad de la sociedad surge el Covid-19 como de la nada, así como un simple estornudo de un habitante de Wuhan, y pone a prueba a estos estados para ver si son capaces de ponerse al frente de sus pueblos, conducirlos a buen puerto en medio de la emergencia sanitaria, el miedo y el rumor bajo una brutal escasez de recursos producto de su desmedido endeudamiento y un sinfín de programas asistenciales. En efecto, producto de la expansión tecnológica y el hiperuso de las redes sociales fundamentalmente para el ocio, estamos presenciando una triple pandemia: la propia del virus, la del miedo y la del rumor. En medio de ello, los gobiernos buscan hacer frente a este fenómeno en donde a veces pareciera que la sociedad se organiza mejor al margen de sus gobiernos, que se encuentran atrapados por el interés político–electoral, el exceso de regulación y el sobreendeudamiento.

Al estar inmersos en la pandemia, los estados deberán evaluar una vez que se termine este episodio la posibilidad de pedir una indemnización internacional a China por los daños económicos que causará su descuido a decenas de países y millones de personas. Al mismo tiempo tendrán que evaluar el por qué sus ciudadanos y organizaciones civiles pueden organizarse mejor y más rápido que las reacciones que los gobiernos suelen tener ante este tipo de fenómenos u otros más comunes, como la inseguridad, como demostró en su momento el 11 de septiembre en EU. En estos momentos se cuestiona al mercado por su fracaso distributivo de la riqueza e incluso se le culpa por la disparidad social internacional que vivimos. Al mismo tiempo, la pandemia está poniendo al descubierto las capacidades del Estado para resolver el más elemental de sus deberes, que es proveer a los ciudadanos de seguridad e integridad física, de ellos y sus bienes. La falta de herramientas para hacer frente a este súbito fenómeno de sanidad pública y la falta de autocrítica a sus propias debilidades políticas e institucionales dejan mal parado al Estado ante la sociedad. A este notable desprestigio del Estado se le suma el espectáculo de la guerra del petróleo para eliminar el fracking norteamericano que desnuda su propia mezquindad ante los ciudadanos. A base de una constante inyección de sumas billonarias de dólares a las economías no se resolverá el fondo del reto hacia el futuro, que está en la redefinición de la economía de mercado, al igual que la redefinición del Estado mismo. Ésa es la lección que nos entrega la gripe china.

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, en Washington, DC y en la Presidencia de la República. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas.