Como en la vida de los seres humanos, las decisiones del gobierno son difíciles de calibrar. Qué complicado es tomar determinaciones que beneficien a la mayoría con el menor costo. En el proceso de toma de decisiones, lo comúnmente aceptado es como la economía lo dicta en sus postulados. La clave de tomar decisiones es que éstas causen el menor costo posible. Pero cuál es el menor costo posible y cuál es el mayor, en casos como el de la pandemia del Covid-19. Cómo se le dice a la población aterrada por un virus que mata a los que reunieron condiciones para morir, que se contagia rápido y fácil, que no hay sistema de salud que tenga suficiente espacio para atenderlos y, aún peor, que enseguida de la pandemia vendrá una calamidad aún mayor que es una mayúscula recesión económica. Ciertamente estar al frente de un gobierno no es sencillo. Los gobernantes deben procurar dotar a la sociedad de servicios de salud, entre otros beneficios, cada día más abundantes producto del desmedido crecimiento del Estado que cree que debe y puede hacer todo. Empero, al mismo tiempo, es fundamental cuidar la economía de lo contrario todos los beneficios sociales pueden colapsarse y los males empeorarán. Al final del día, esta pandemia tiene un riesgo económico mayor que el riesgo de salud. En México, por ejemplo, llegar a perder 1 millón de empleos.

Con toda responsabilidad y racionalidad, la pregunta que la sociedad debe hacerse es: ¿la pandemia del coronavirus es un tema de salud o es económico? Una vez hecha la pregunta, debemos darnos cuenta de que al tema de salud subyace uno mucho mayor: el económico. Con ello podremos entender mejor a los gobernantes y sus decisiones, en particular al presidente Andrés Manuel López Obrador en cuanto a este arranque de crisis. Estamos ante una triple pandemia: el virus, el miedo y el rumor. También tenemos un fenómeno viral que, si bien tiene el mismo destino al esparcirse geométricamente y matar a 1 o 2% de los contagiados, su inicio y desarrollo tiene distintos momentos y velocidades en cada uno de los países. Por ello, pese a lo que las redes sociales nos inquieten y generen ansiedad, no es lo mismo Italia que China, tampoco es lo mismo lo que pasa en EU, España o Colombia que lo que pasa y pasará en México. La enfermedad ha comenzado en distintas fechas en cada país, por lo que no debemos pedirle a nuestro gobierno que haga lo mismo que hace Italia hoy, cuando nos llevan dos meses de ventaja con una composición poblacional distinta a la nuestra; tampoco podemos pedir que esta última semana de marzo se tomen las mismas decisiones que en este momento se toman en EU, cuando ellos comenzaron mes y medio antes que nosotros.

Cualquier decisión que tome nuestro presidente va a ser cuestionada, pero podrá ser mejor entendida cuando nos demos cuenta de que el Covid-19 es un problema para nuestra débil economía más que para la salud. El haber adelantado acciones drásticas de afectación económica para como estamos sería catastrófico. En este caso es la economía de todos y no la salud el verdadero problema de esta pandemia.

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, en Washington, DC y en la Presidencia de la República. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas.