Según el reporte de ayer en la tarde, en México ya había 1,094 contagiados por el virus Covid-19. Se trata de una estadística que por cierto ha tenido un comportamiento singular, pues de pronto muestra tasas de crecimiento entre el 18% y 17% como fueron las observadas para los días 28 y 29 de marzo, respectivamente, y solo un día después, cae a una tasa de 10%, lo que llama la atención, sobre todo a la luz de lo que hemos visto en casi todos los países que han estado atravesando por la etapa en la que se supone se encuentra hoy México. Tal parece que el comportamiento de esta variable está en función del número de pruebas diarias que se limitan a hacer las autoridades de salud en nuestro país.

Esta variabilidad en las tasas de crecimiento del número de contagios, se ha reflejado también en la variabilidad de los mensajes que hasta hace pocos días aún se mantenía en el gobierno federal, que incluyó entre otros, la invitación del presidente a salir a consumir en los restaurantes de nuestro país, aún cuando ya por otro lado se sugerían medidas de distanciamiento social.

Lo anterior, refleja a un gobierno sin una idea clara de qué camino tomar frente a este escenario tan complicado, que ha puesto a prueba a gobiernos de una enorme cantidad de países, de un gobierno que a pesar del discurso que se empeña en enarbolar, en los hechos muestra una ausencia de una idea de cómo reaccionar frente a la onda expansiva que ha socavado de manera significativa el desempeño de la economía mundial.

El problema que enfrentamos ahora, es que como consecuencia de un conjunto errático de decisiones y señales clave para la economía durante el 2019, la economía mexicana inició el 2020 en posición de gran debilidad, incluso sin los efectos de la pandemia del Covid-19. Por ejemplo, el valor de las importaciones de bienes de capital que -aún cuando cayeron 9% al cierre de 2019- para el período enero-febrero, ya mostraban una caída del 13%. El problema, es que las importaciones de bienes de capital son una especie de termómetro adelantado del nivel de actividad económica. Lo anterior ya nos anticipa una caída en el PIB en los siguientes meses, sin que aún se refleje el doble choque que está causando estragos a la economía mundial, uno por el lado de la oferta, y otro, por el lado de la demanda, que México resentirá en gran medida.

A esto hay que sumar el desastroso desempeño en materia de ejercicio del gasto para estos primeros dos meses. Con los datos que ayer reportó la Secretaría de Hacienda y Crédito Público se observan subejercicios en la Secretaría de Salud, de 14.5%; IMSS, 4.4%;  ISSSTE, 12.5%; incluso en la Defensa Nacional, con 13.1%. Llama poderosamente la atención que ante la inminencia del enorme desafío que representa el brote del Covid-19, el gobierno siga sin ponerse las pilas para que estas instituciones puedan ejercer a plenitud no solo el gasto que estaba programado, sino más, por la vía de ampliaciones presupuestales. Eso sí, la Secretaría de Energía ya ejerció casi la tercera parte de todo lo que tenía previsto gastar en 2020. No cabe duda que hay confusión en las prioridades. De ese tamaño el problema.

*El autor es economista.

Twitter: @GerardoFloresR