En México se ha dado gran atención a las fuentes de agua superficiales (ríos y lagos) y a las aguas subterráneas que tienen que ver con obras hidráulicas, no hidrológicas, pero muy poco a la utilización del agua de lluvia como fuente primaria del vital líquido. El promedio anual de lluvia sobre territorio nacional es del orden de los 1,500 kilómetros cúbicos de agua, lo que da una disponibilidad media por habitante de 4,500 metros cúbicos.

Desde hace muchos años, se han utilizado los sistemas de captación de agua de lluvia para uso doméstico, siendo común en Campeche ver a los aguadores que abastecen de agua de lluvia captada en los techos a los habitantes. Así también es popular en el sector rural el manejo de escurrimientos superficiales para su almacenamiento en presas de tierra, estanques, jagüeyes y aljibes.

Captar el agua de lluvia de los techos, caminos, carreteras u otras superficies impermeables pudiera ser una opción viable para las zonas áridas. La lluvia en estas zonas es muy errática y extrema, pero se pudiera aprovechar para abastecer de agua limpia para el consumo humano.

Actualmente existen propuestas técnicas mecanizadas de microcaptación y retención que involucran conservación del suelo, aumentan la disponibilidad de agua para los cultivos, mitigan los efectos de sequía y mejoran el entorno ecológico, las cuales consisten en la excavación de pequeños pozos en donde se pueden retener hasta 180,000 litros agua de lluvia por hectárea.

Otra tecnología disponible para la cosecha de agua es la propuesta que hacen investigadores del Instituto Politécnico Nacional conocida como lluvia solida, que consiste en la retención de agua de lluvia almacenada en forma molecular en partículas de poliacrilato de potasio, que tienen una gran capacidad de absorción y que pueden retener hasta 500 veces su peso en agua sin que se modifique su estructura química. Este desarrollo tecnológico está nominado al Premio Mundial del Agua 2012, que año con año otorga el Stockholm International Water Institute (SIWI), en Suecia.

El uso de estos poliacrilatos puede representar una opción viable para mitigar el efecto de la sequía en los cultivos agrícolas intensivos de riego y extensivos de temporal que se establecen en los estados del norte y centro del país, por lo que sería interesante evaluar la viabilidad económica de su utilización. No lo perdamos de vista.

*Miguel Gerardo Ochoa Neira es subdirector en la Dirección General Adjunta de Inteligencia Sectorial en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA. [email protected]