Igual que en otros temas, la reforma eléctrica propuesta por el presidente López Obrador, está haciendo corto circuito con la oposición y el sector privado. Estamos en medio de un debate que no es debate, nadie escucha los argumentos del otro y no hay voluntad para sentarse a dialogar y llegar a acuerdos.

Parece que el presidente no se da cuenta que ya no tiene la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y en lugar de buscar un acuerdo, está jugando a todo o nada. Las descalificaciones y ofensas constantes a los opositores no allanan el camino hacia un acuerdo, que probablemente no quiera y la iniciativa sea sólo una estrategia para dividir al país y ganar el apoyo de la gente con miras a las elecciones del 2024.

Para la gente, la CFE es la empresa, tanto pública como privada, más importante y cercana en su vida diaria y su defensa es prioritaria sobre todos los argumentos que puedan esgrimir el sector privado o los opositores. 

Actualmente no hay una crisis de abasto, comercialización o precios de la energía en nuestro país, sin embargo, de hacer una buena reforma depende el futuro del sector y de nuestra economía. Por el contrario, no hacer una reforma y no sentarse a discutir para llegar a un acuerdo que beneficie a todos los sectores, sería irresponsable y hablaría muy mal del gobierno y de los opositores.

Conforme avanza el tiempo, cada día está más claro que la reforma, como la propone el gobierno, no va a salir adelante y que, si bien el presidente ganará el apoyo de la gente, en los medios de comunicación, a nivel internacional y en el Congreso, será rechazada y seguramente congelada para todo el sexenio.

Para los opositores la mejor opción es que la reforma se congele, sin embargo, de suceder esto, la CFE seguirá debilitándose y puede entrar en una crisis operativa y financiera que afecte en el futuro el desarrollo económico del país y a todos los consumidores.

Nos guste o no, es necesaria una reforma para fortalecer y darle viabilidad a la CFE a largo plazo, pero esa reforma, no debe ir en contra del sector privado o de la transición energética.

En los últimos años para beneficiar a los productores independientes de energía, se limitaron las posibilidades de generación y comercialización de la CFE por cuestiones ideológicas e intereses económicos, la idea era debilitar a la empresa pública para avanzar en la privatización de todo el sector eléctrico y petrolero.

Yo estoy en contra de la reforma eléctrica tal como la propone el presidente, no creo que para fortalecer a la CFE sea necesario dañar al sector privado, pero creo que el Estado y la CFE, deben seguir siendo los rectores de todo el sistema eléctrico nacional.

Demetrio Sodi

Político mexicano

Desde la cancha

Ciudadano interesado en las soluciones para el país y la Ciudad de México. Político mexicano, ha sido diputado federal (1988-1991), senador (2000-2006) y jefe delegacional de Miguel Hidalgo (2009-2012).

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