(...) combatir a la corrupción algunas veces se parece a desactivar una bomba. Un movimiento en falso y todo estalla.

Petrobras produce dolor de cabeza, porque está llena de lecciones torcidas. Esta empresa vivió su época de oro cuando estaba metida en el lodo hasta el cuello. La exposición y ataque a la corrupción no generó valor para la empresa, sino todo lo contrario. Le dio un segundo golpe, más fuerte que el que le produjo la caída de los precios internacionales del petróleo.

Entre 1997 y el 2014, esta empresa brasileña desarrolló a gran escala una maquinaria de corrupción. Esos años fueron también gloriosos en materia económica para la petrolera. Se abrió al capital privado y se internacionalizó. Llegó a tener un valor de mercado superior a los 126,000 millones de dólares.

Petrobras lleva dos años en el desmonte del esquema de corrupción y tratando de lavarse la cara, pero no lo ha conseguido. La empresa ahora vale alrededor de una quinta parte de lo que llegó a valer. Ha dejado de ser una referencia a imitar y se ha convertido en un caso de estudio, dentro de la categoría Nota Roja empresarial. La policía brasileña estima que lo robado a Petrobras está cerca de los 14,000 millones de dólares.

La principal fuente de corrupción eran las relaciones con los proveedores. En algunos rubros donde debía haber competencia, las empresas se ponían de acuerdo para coordinar sus propuestas a Petrobras y cargar un sobreprecio significativo. En otros bienes o servicios, donde era difícil encontrar varios competidores, simplemente operaba una práctica de precios muy superiores a lo normal.

Los altos ejecutivos de Petrobras validaban los precios altos por acción o por omisión. El botín se repartía en tres grandes partes: una, las empresas, que obtenían beneficios extraordinarios; dos, los altos funcionarios de Petrobras, que recibían su comisión en paraísos fiscales y regalos de lujo; tres, los líderes políticos, que se llevaban su tajada, en forma de contribuciones a campañas o depósitos bancarios. El papel de los políticos era clave, porque ellos tenían la posibilidad de presionar para lograr algún nombramiento o renuncia en los puestos claves de Petrobras.

Dilma Rousseff fue presidenta del Consejo de Petrobras durante varios años. ¿Qué tanto supo y participó del esquema de corrupción? Quienes defienden su inocencia, no pueden argumentar en favor de su inteligencia y/o de su capacidad para gestionar...y viceversa. Ése es uno de los problemas para la presidenta brasileña. Otro es que las investigaciones parecen confirmar que su mentor, Lula da Silva, recibió alrededor de 7.8 millones de dólares.

¿Cómo desmontar un sistema de corrupción sin destruir valor en la corporación que lo padece? Imagínense que ahora se destapara un gran escándalo de corrupción en la petrolera mexicana, algo parecido al Lava Jato o Petrolao brasileño. El primer efecto sería devastador. Impediría el reflotamiento de Pemex, en la medida en que destrozaría su valor, se reduciría su calificación crediticia y se aniquilaría su capacidad para hacer alianzas. Es muy probable que paralizaría su gestión y operación normal, durante mucho tiempo. No me malinterpreten. Quiero que se erradique la corrupción en la mayor empresa mexicana y que no haya impunidad. Sólo quiero destacar una cosa: combatir a la corrupción algunas veces se parece a desactivar una bomba. Un movimiento en falso y todo estalla. Petrobras me produce dolor de cabeza, porque intuyo que se parece a Pemex.

lmgonzalez@eleconomista.com.mx