Al entrar de lleno en la parte alta del primer tercio de la carrera por el Gran Premio de México Lopitos El Molido Solitario bordeó la esquina de Baja California, hecho la… veloz. De acuerdo con las métricas de la velocidad que  traen los corredores, para estas alturas este piloto ya no sólo corre, sino que vuela.

Cuando agarró el boulevard de Mexicali para salir rumbo a Nogales, sacó tremendo nubarrón y quienes lo esperaban al salir de la polvareda no le vieron ni el gallito.

¿Y qué fue lo que pasó?, pos nada, que en lugar de poner pies en polvorosa tomó un aeroplano.

No tendría nada de extraño atravesar El Pinacate y el Gran Desierto de Altar en aeronave, pero como el piloto se había llenado la bocota diciendo que él no agarra aviones para acortar camino, pues ahora que se lo agarraron de bajada.

 

¿Qué pasó Lopitos, pos en qué quedamos. —Le preguntaron los reporteros que cubren al corredor.

—Pos es que no llegaba.

—Pus si no llegaba, no llegaba y yaaaa. —Le increparon, pero aquel les dijo: No pasa nada además está rete chiquito, chiquito.

 

Y mientras Lopitos tiene que dar explicaciones, los demás corredores están rete gustosos porque ahora sí podrán viajar a gusto a veces por tierra y a veces en avioncito sin que los critique el puntero. No vaya a hacerlos quedar mal con el respetable.

Una vez que salieron nuevamente de la zona de pits donde fueron convocados todos los corredores y aprovecharon para debatir cómo le van a hacer para ganar esta carrera, ahora se disponen a enfilar las baterías para alcanzar a Lopitos, mientras él administra la ventaja. Dicen que en su carrito ya hasta puso un hamaca y compró palomitas para contemplar cómo se agarran a encerrones Tony El Irlandés y su carro rojito y Riky El Gallo Blanco de los que ya no ve ni sus luces.

Lo que sí no le cayó muy bien fue la noticia del nuevo corredor, ya sabe, El Cuaco Regio, que de pronto apareció en la carrera con su carrito moradito detrás de Chalecito Morado haciendo más ruido de lo que avanza.

Eso sí, en el graderío está el hervidero porque dicen que no es posible que la Tribuna Grande, se la pasa ninguneando al jefe de bandereros de carrera, comenzando por don Lencho Donelli, que de plano ya no sabe si atender ese asunto (bueno, apechugar), o quitarse de encima al Jaguarito Playero que quiere meterse por el mismo lado donde se filtró el Cuaco a la pista. Así es que por lo pronto lo emocionante de esta carrera está en el frente y en la cola. Sí, en el frente porque Lopitos está poniendo las monedas en la rockola y haciendo bailar a los demás al son que les toca. Y en la cola donde el Cuaco quiere agarrar galope, pero su carro nomás como que rezonga.