Los panistas trataron dos veces, sin éxito, de forjar con el PRD un cogobierno que permitiera apuntalar la transición democrática en México.

La primera vez, en vísperas de la administración foxista, tenía al frente del PRD a Amalia García. La izquierda había acudido a las urnas en una coalición que, además del partido del sol azteca y al PT, involucró a una triada de partidos emergentes de la que sólo sobrevivió Convergencia. Al inicio de las campañas, un grupo de notables negoció con el PAN, que entonces encabezaba Luis Felipe Bravo Mena, y con el Partido Verde, para construir una gran alianza opositora que derrotara al PRI.

Esa vez, el dogmatismo de Cuauhtémoc Cárdenas y las necedades de Vicente Fox anularon esa intentona. El 2 de julio del 2000 ganó el candidato de presidencial de la Alianza por México, pero en el DF triunfó Andrés Manuel López Obrador y en la elección para diputados federales, el PRI se colocó como segunda fuerza, con una bancada que impediría cualquier reforma estructural que planteara el Presidente del cambio con los legisladores de su partido.

Fox necesitaría de los perredistas. Y en una negociación en la que intercedió Malú Micher, excandidata perredista a la gubernatura de Guanajuato, formuló un ofrecimiento que en ese momento parecía inmejorable: sin la intervención de los headhunters, Rosario Robles iría a la Secretaría de Desarrollo Social y media docena más de destacados líderes de la izquierda ocuparían posiciones relevantes en el gabinete y embajadas. 

Paradojas de la transición: hace 12 años Robles pudo haber lanzado su Cruzada Nacional contra el Hambre, pero la oposición de Cárdenas frustró su conversión al oficialismo. Y López Obrador tampoco dio su aval para que Amalia ingresara al gabinete federal, que era el plan B de los foxistas.

En el 2006, la pugna entre calderonistas y obradoristas cerró cualquier vía de acuerdo entre el PAN y el PRD. Hasta que Nueva Izquierda, corriente que encabeza Jesús Ortega, alcanzó la Presidencia Nacional del sol azteca hubo condiciones para reanudar los contactos entre los moderados de ambas fuerzas políticas y pudiera forjarse la dinámica que permitió, entre otras cosas, las alianzas opositoras que ganaron Sinaloa, Oaxaca y Puebla.

El PRI, que en el 2010 tenía al frente a Beatriz Paredes, trató infructuosamente el acuerdo que panistas y perredistas habían alcanzado para ir juntos a la elección del Estado de México. De no ser porque López Obrador se opuso a esa coalición, otra historia se hubiera escrito. En ese entonces, el gobierno federal, con Calderón al frente, habría premiado a los izquierdistas moderados con cargos en el gabinete, representaciones diplomáticas y gubernaturas.

En el 2012 ganó Peña Nieto... pero falló la estrategia para ganar la mayoría absoluta en el Congreso, por culpa del voto diferenciado que anuló 2.5 millones de sufragios... casi todos eran para los diputados y senadores postulados por el PRI y el PVEM.

Obligado a buscar un pacto con las fuerzas minoritarias, los peñistas no tuvieron límites. Y trataron incluso de negociar con López Obrador, según lo revelado el sábado 26 por el excandidato presidencial de las izquierdas, en Bochil, Chiapas.

En agosto, cuando todavía no terminaba la calificación de la elección presidencial, habría recibido la propuesta de suscribir un gran acuerdo nacional que estableciera una agenda de reformas mínimas y comprometiera un cronograma para su cumplimiento. De aceptar, tendría la garantía de que incluirían parte del proyecto alternativo de nación, pero antes debía reconocer a Peña como Presidente legítimo.

AMLO rechazó esa oferta, que consideró un acto de simulación. Y enterado del diálogo que los dirigentes perredistas tenían con los operadores del gobierno electo, decidió retirarse de esa organización, que ya había sido cooptada por la mafia del poder.

A pesar del calibre de esa denuncia, el político tabasqueño desea esquivar polémicas con sus excompañeros perredistas. Su respuesta, empero, es inevitable.

EFECTOS SECUNDARIOS

GABINETAZOS. Ni más ni menos que el exsecretario de Hacienda, Ernesto Cordero, y el rector de la Escuela Libre de Derecho, Fauzi Hamdan, estarán al frente del gabinete de finanzas públicas locales que el presidente del PAN del DF, Mauricio Tabe, pondrá en marcha para obligar a Miguel Ángel Mancera a entregar cuentas puntuales sobre los avances programáticos del presupuesto del gobierno de la ciudad. Éste será el primero de un conjunto de grupos de trabajo -a la usanza de los shadow cabinet ingleses- que integrarán a exfuncionarios panistas que brillaron en anteriores sexenios. Entre ellos destacan el exsecretario de Gobernación, Santiago Creel, y el exdirector de la Conagua, José Luis Luege.

¿MARIANISTA? En la mesa de Rosario Robles, secretaria federal de Desarrollo Social, quedaron cuatro asientos vacíos. Por razones de trabajo, el presidente Enrique Peña Nieto había declinado acudir a la boda de su hija Mariana Moguel con el exdiputado federal priísta Francisco Ramos. Pero ni el gobernador de Michoacán, Fausto Vallejo, ni los secretarios Miguel Osorio Chong, de Gobernación, y Luis Videgaray, de Hacienda, justificaron su ausencia a la cena que los padres de los contrayentes ofrecieron en Atlixco, Puebla, posterior a la ceremonia religiosa. Y aunque faltaron muchas personalidades políticas, el despliegue de las fuerzas federales en la Iglesia de Santa María Tonanzintla y a la Hacienda de San Agustín fue ostentoso. Invitado por el novio, el exgobernador Mario Marín sólo acudió a la recepción.