Cursamos la primera semana de intercampaña y se notan ya las fisuras de este contrasentido electoral; otro más, producto de la malhadada legislación del 2007.

Diseñada como una etapa preparatoria de las campañas una vez concluida la selección de candidatos presidenciales, lo que hace la veda electoral es poner un freno de mano a un proceso que se encuentra en natural efervescencia. En voz del presidente del IFE, Leonardo Valdés, la intercampaña no es un periodo para la competencia electoral, (sino que) pone fin a un periodo de preparación interna de los partidos políticos . Algo así como: en sus marcas, listos..., ¡alto!

Del 16 de febrero al 29 de marzo, los precandidatos o candidatos no podrán exponer sus plataformas electorales ante la ciudadanía o promoverse con el objeto de llamar al voto en actos proselitistas .

Se restringe el acceso de los partidos políticos, coaliciones, precandidatos y candidatos a los tiempos oficiales en radio y televisión. No deben realizarse actos anticipados de campaña como reuniones públicas, asambleas y marchas.

Y queda prohibido también celebrar o difundir debates entre precandidatos, candidatos, partidos o coaliciones en radio y televisión.

Una muestra más de que el común denominador en la legislación electoral vigente es el contrasentido.

Si se buscaba equidad en la contienda, lo que se ha logrado es una asignación mayor de tiempos en medios electrónicos al partido más fuerte en la contienda y un periodo de silencio intercampaña que tiende a beneficiar al candidato mejor posicionado, en este caso, Enrique Peña. Si al cierre de las precampañas, algunas encuestas apuntan a un crecimiento de Josefina Vázquez Mota, con el impasse obligatorio de 45 días, le será muy difícil sostener esa tendencia. Y una vez que arranquen las campañas, Vázquez Mota y -no se diga- López Obrador tendrán muy poco tiempo para remontar su desventaja y cerrar la contienda.

Si se pretendía contener la injerencia del Ejecutivo federal, lo que se ha propiciado es una ventana para el activismo presidencial, en ausencia de los protagonistas de la contienda. El vacío forzado por la intercampaña es una gran tentación y el Presidente está cayendo en ella.

El problema es que la larga veda se está colmando con la guerra sucia de los partidos, los excesos del Presidente y los pleitos con el árbitro electoral, lo que reavivará los enconos no superados del 2006.

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