Los anuncios acerca de la construcción de obras que privilegian el uso de medios ineficientes de transporte en la ciudad se siguen haciendo por parte de las autoridades sin la menor consideración por el bienestar de las mayorías, que son, al parecer, lo que menos importa dentro de los equipos de trabajo que deciden estos asuntos.

En primer término, no existe la menor consideración sobre el carácter metropolitano de las obras, ya que las cosas se hacen para el DF o el Estado de México, no importando, de nuevo, que lo más conveniente para los millones de trabajadores que viven en territorio mexiquense y a diario se trasladan al DF sería un esquema totalmente diferente al que tenemos en la actualidad y al que las autoridades tienen en mente.

Se entiende que son épocas electorales y que las comisiones que se pagan por las obras, las cuales se utilizan para financiar las campañas, así como la necesidad de que se vea el trabajo que se hace, para que la gente se sienta orgullosa de su ciudad son los aspectos que determinan que a alguna obra se le dé luz verde o no.

Entre el Metrobús, los segundos pisos y el Tranvía se va a gastar un monto impresionante de dinero, pero las autodenominadas autoridades siguen sin darse cuenta que estas obras causan más problemas que los que resuelven.

Simplemente les mandamos una recomendación desde aquí, que visiten algunos sitios estratégicos, sobre todo en las entradas y salidas de estas obras faraónicas, en los horarios pico, para que sientan lo que los ciudadanos padecen y escuchen lo que los ciudadanos tienen que decirles.

El Metrobús, que circula sin parar en el día, estorbando carriles a la circulación y entorpeciendo el tránsito, sería útil si los recorridos y sus intevalos fueran tan sólo un poco mejor planeados, y si los motores que usan los autobuses de ese transporte funcionaran con hidrógeno y generaran vapor de agua en lugar de contaminantes. Dirán que es caro, y es cierto, pero la verdad es que ya no existen soluciones fáciles ni baratas para esta ciudad, rebasada en todo.

Luego, en lugar de tranvías se pueden diseñar mejores rutas del subterráneo, para efectivamente solucionar los problemas de transporte, ofreciendo el servicio de aire acondicionado para que la gente que ahí viaje vaya cómoda.

No es barato, nuevamente, pero si las cosas se hacen con una estrategia en la mete, que relacione varios aspectos, la sociedad, creo, estaría dispuesta a pagar, siempre y cuando fuera la eficiencia lo que se privilegiara, aunque, lástima, eso no cuenta.

mrodarte@eleconomista.com.mx