La responsabilidad social corporativa (RSC) ha recorrido un largo trecho desde sus orígenes como filantropía al comienzo del capitalismo industrial. Los llamados padres del capitalismo moderno solían compartir su riqueza al invertir en infraestructura pública y educación. Esta filantropía fue el modelo prevaleciente de la RSC hasta finales de los 60 del siglo pasado.

Sin embargo, la comprensión de la relación empresa-sociedad ha evolucionado, al igual que las externalidades que generan las empresas. Ya no pasan desapercibidas asuntos como la colaboración corporativa con regímenes opresivos, el impacto social y ambiental de la cadena de suministro global y el equilibrio entre la vida personal y el trabajo a principios de este siglo.

Hoy en día, las empresas están llamadas a crear valor económico tomando en cuenta los aspectos de vecindad o rebalse positivos y negativos, de sus operaciones.

Este compromiso empresarial por el desarrollo sustentable no es un 'lujo' de empresas exitosas, una tendencia de marketing u otra moda del consumidor cosmopolita siempre más difícil de satisfacer.

Se estima que para el año 2050, 70% de la población a nivel mundial vivirá en ciudades. Por otro lado, más de 2 billones de personas son consideradas consumidores de clase media y se espera que lleguen hasta 4.9 mil millones en 2030. La demanda de energía a nivel mundial habrá aumentado un 40% en 2030 y la producción agrícola mundial necesitará incrementarse un 70% para alimentar a 9 billones de personas en 2050.

El crecimiento de la clase media y la migración hacia polos urbanos son dos de los cambios demográficos más importantes del siglo XXI. Viendo estas tendencias, consumo ético o consumo sustentable se vuelven la responsabilidad primordial de las empresas en las próximas décadas. En su último libro, Dauvergne y Lister muestran que hoy la generación de cada dólar de crecimiento económico requiere 26% menos recursos que en 1980, pero el total impacto ecológico global de producción y consumo de bienes está aumentando.

Según el informe 'Clearing the waters', el sector industrial esparce cada año entre 300-400 millones de toneladas de metales pesados, disolventes, lodos tóxicos y otros desechos en aguas. La generación global de residuos sólidos aumentará un 70% para el 2025 y el costo de procesar esta basura llegará a $375 mil millones en 2025, con mayores costos en países en desarrollo.

Por ello, la actual tarea de la RSC es generar un nuevo estilo de vida y nuevos hábitos de consumo. Hablamos de un cambio radical del funcionamiento del mercado basado en la conciencia individual del consumidor y en la consciencia social del mercado como un todo. Las empresas deben adoptar sistemas de producción circular y cadenas de servicio que eliminen de raíz los impactos negativos de la cultura del descarte". ¿Querrán las empresas en México y en el mundo asumir este reto?

*Profesor del Área de Entorno Político y Social del IPADE Business School.