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Ya con las formalidades encausadas, nos vamos a la médula del pensamiento, hemos estado siendo víctimas del cuento de Pedro y el lobo con esto de los chinos que anuncian llegar a comprar productos agrícolas y pecuarios de manera masiva pero no aparecen. Me parece que deberíamos haber aprendido que no siempre que se les anuncia llegan y que, para estas alturas del juego, aun cuando llegaran, la capacidad de atenderlos se va limitando.

Seguramente estarás preguntándote de qué estoy hablando y para ser exacto, el anterior pensamiento se desprende del famoso acuerdo fase 1 que firmaron los norteamericanos con los chinos, ese acuerdo en el que se formalizaba un compromiso de miles de millones de dólares equivalentes a mercancía agropecuaria que China compraría sin reparo.

¿Qué ha pasado desde dicho compromiso? Los chinos parecen estar jugando con los sentimientos de los productores norteamericanos justo en tiempos de alta complicación política pues se definen en breve en las elecciones presidenciales en Estados Unidos.

Y como sabes, el tema del campo es medular para la presente administración. China ha comprado bastante soya en tiempos recientes, y mucho maíz, aun así, los valores de dichas compras no están ni remotamente cercanos a la cifra objetivo de más de 36,000 millones de dólares presupuestada y aquí viene la mejor parte.

Pensemos que súbitamente los chinos se presentan y que para cumplir con los objetivos económicos compran todo. Eso básicamente saturaría la capacidad de salida, los norteamericanos tendrían un cuello de botella mayúsculo y eso de momento en mi opinión, es lo que mantiene cierto grado de firmeza en los precios de diferentes productos agrícolas, la esperanza de que lleguen los chinos y la expectativa de la demanda simplemente es muy grande.

Reconozcamos que en este mercado tenemos dos velocidades, una que contempla todo lo que representa producción y otra que junta el balance de lo que está siendo comercializado y lo que está siendo demandado.

Ese es el balance fino del momento, y si lo tenemos que expresar en otras palabras, es justo la diferencia entre los inventarios que existen (teóricos) y los que son disponibles.

Para alguien que ha trotado estos senderos por mucho tiempo, ¿el anterior balance normalmente tiene una fecha de implosión, qué significa eso?

Bueno pues en algún momento el productor entra en pánico y vende, o en algún momento el comprador entra en pánico y compra. No siempre los precios son el reflejo natural de oferta y demanda pura, y seguramente este año nos dará mas cosas que aprender.

Este año tiene afectaciones de la demanda con el tema Covid-19, una guerra comercial entre las dos naciones más grandes del planeta, esa guerra comercial es realmente más una guerra fría en proceso y eso en lo geopolítico es un tema mayor.

Si lo anterior no te alcanza para dimensionar lo distorsivo del 2020, digamos que Norteamérica no esta solo en eso de producir granos y oleaginosas, los rusos, los ucranianos, los argentinos, los brasileños, australianos y anexos están también en la escalada productiva, parece que el planeta tierra no había sido nunca tan próspero entre biotecnología y calentamiento global.

Sí, calentamiento global que para lo productivo ha ingresado tierras lejanas de Siberia a la producción triguera.

En ese contexto, los norteamericanos se enfilan a cosechar un ciclo agrícola que al parecer será un poco más que suculento, me parece que tendremos sorpresas productivas si el clima se queda como está un par de semanas y para cuando todo este dicho y hecho, alguien tendrá que terminar tirando la toalla si la demanda no es capaz de absorber todo lo que se va a producir.

México debe tener mucho cuidado, el campo mexicano es estratégico y este embate de precios podría resultar muy dañino. Administremos riesgos porque en sentido estricto, el riesgo no anda en burro. Ánimo.

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