El alcalde de Londres, Sadiq Khan, y el de Manchester, Andy Burnham, han sido los actores políticos que polemizan con el protagónico y abusivo, aunque popular, primer ministro Boris Johnson.

No son buenos tiempos para los socialdemócratas en Europa. Sus resultados fueron malos en Madrid, los pronósticos no son promisorios en Alemania, no parecen ser competitivos en el Reino Unido y apenas si existen en Francia. Su objetivo, para recuperar protagonismo, es reconectar con el electorado obrero, que aparentemente perdieron por dejar de abordar los temas que son importantes para el día a día de las personas de bajos ingresos. Es interesante que la mayoría de las voces que buscan renovar el discurso socialdemócrata provengan de los gobiernos de la ciudades, espacio en donde la propuesta de esa posición política mantiene una fuerte presencia, y en los cuales se han desarrollado políticas eficaces para reducir la desigualdad y combatir el cambio climático. Es el caso del alemán Olaf Scholz, quien fue alcalde de Hamburgo. Scholz propone subir el salario mínimo de 10.5 a 12 euros la hora, construir 400,000 nuevas viviendas al año, poner limites temporales al incremento de las rentas de las viviendas en zonas marginadas y gravar más a las personas de muy altos ingresos. Los socialdemócratas aseguran que no volverán a la coalición con los conservadores, que los alejó del voto obrero.

En Reino Unido, los laboristas obtuvieron malos resultados en las elecciones locales recientes, pero retuvieron sus bastiones de Londres y Manchester. El alcalde de Londres, Sadiq Khan, y el de Manchester, Andy Burnham, han sido los actores políticos que polemizan con el protagónico y abusivo, aunque popular, primer ministro Boris Johnson. El laborismo fue a las elecciones locales con una agenda de centro, en la que se proponía no incrementar los impuestos a las grandes fortunas, pero perdió incluso localidades del norte del país, en dónde basan su fuerza electoral. Se pide un cambio de liderazgo, que podría encabezar Burnham, con el respaldo de su trabajo de políticas de igualdad como alcalde, con propuestas como mejorar las condiciones de trabajo de las personas encargadas de los cuidados y asegurar trabajo, educación y entrenamiento laboral a todas las personas menores de 25 años. Se dice que lejos de asumir la estrategia que llevó a los laboristas al poder en los 90s, la de Blair, de dar por sentado el voto obrero y buscar el del centro, lo razonable parece ser seguir los pasos de Biden, para integrar a las izquierda en el centro de una propuesta busque reducir las disparidades regionales, las raciales, los problemas de los jóvenes y el cambio climático.

En Francia, la alcaldesa de Paris, Anne Hidalgo, podría ser el único actor socialista competitivo. Ella se ha pronunciado por construir una candidatura común socialista y verde ante la amenaza de la extrema izquierda y de las políticas de derecha de Macron. Hidalgo ocuparía el espacio de la izquierda moderada y europeísta, con una agenda de fortalecer los servicios públicos y evitar despidos. Hidalgo también ha polemizado con Macron por el tema de la pandemia, lo que le ha ganado espacio en la política nacional, pero, sobre todo, ha impulsado política en contra del cambio climático, como el uso de la bicicleta como transporte masivo y la transición al transporte libre de combustibles fósiles con políticas que han marcado la pauta en todo el mundo. En el tema de la inclusión, Hidalgo se enfrentó al absurdo de ser multada porque impulsó a demasiadas mujeres en puesto de dirección de la alcaldía, lo que supuestamente viola la normatividad en la materia. También en este caso, políticas progresistas de ciudad sirven para tratar de construir una plataforma viable de izquierda para el resto del país. La clave de la vigencia del socialismo en Europa parece estar en las ciudades.

Twitter: @vidallerenas

Vidal Llerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.

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