Una de las palabras más recurrentes en el léxico de telecomunicaciones es consolidación. La misma se utiliza para denominar la concentración de distintas cosas tangibles o intangibles bajo un mismo paraguas. Es así que cuando se habla de eliminar la multiplicidad de licencias en telecomunicaciones para dar paso a una licencia unificada se puede hablar de la consolidación de licencias para la oferta de servicios.

Otro uso muy común de la palabra consolidación es poder recibir de un mismo proveedor todos los servicios de telecomunicaciones, o al menos en la misma factura, si es que existe un acuerdo comercial entre dos empresas y la regulación lo permite. Pero el uso más frecuente de la palabra consolidación se observa en las adquisiciones y posteriores empresas de telecomunicaciones del mercado. El objetivo de estas transacciones es establecer una oferta de servicios verticalmente integrada, en la que el proveedor de telecomunicaciones puede satisfacer todas las necesidades de sus clientes y aminorar pagos a terceros por interconexión o la contratación de servicios como transporte.

Las recientes reformas constitucionales de México relacionadas con el sector de telecomunicaciones han eliminado barreras históricas a la consolidación del sector. Eliminar las restricciones de capital extranjero en las empresas de servicios fijos ha posicionado a Telefónica como el operador más interesado en expandir su presencia en el mercado por medio de adquisiciones que anteriormente le serían vedadas.

Quizás ha sido este nuevo rol como potencial protagonista de una futura consolidación del sector de telecomunicaciones en México lo que ha llevado a la proliferación de rumores sobre el interés de Telefónica en empresas como Grupo Iusacell o Nextel. Los argumentos en favor de estas teorías son varios, pero principalmente se enfocan en incrementar a corto plazo la participación de mercado del operador.

Aunque la decisión final de cuál será la movida de Telefónica en el mercado resta en manos de sus directivos, desde una perspectiva puramente estratégica la adquisición de cualquiera de estos dos operadores móviles no representaría un fortalecimiento del operador. Por el contrario, al reducir el número de jugadores se restaría presión competitiva a un sector móvil que en gran número de localidades del país peca en tener sólo uno o dos operadores móviles ofreciendo servicios.

Se pueden citar factores como el historial de Telefónica integrando empresas con tecnología distinta a su red o los niveles de deserción de clientes que se observan por medio de distintas métricas públicas, como reportes financieros o pedidos de portabilidad numérica. No obstante, no se puede ignorar un factor de gran importancia para el segmento de servicios móviles: el tope de espectro de 80 MHz.

Si nos remitimos a los procesos de asignación de espectro del 2010, observamos que 97% del monto por licencias en 1.9 GHz para ocho regiones corresponde a la región 9 (DF y estado de México). Esta región también significó 83% del precio total pagado por Telefónica para obtener espectro AWS en cinco regiones del país. Telefónica cuenta con 70 MHz de espectro en la región 9, lo que significa que la compra de Iusacell o Nextel implicaría regresarle al gobierno cerca de 80% del activo más importante con el que cuentan ambos operadores en el DF y el Estado de México.

Sin entrar en factores como precio o disponibilidad para vender de los accionistas de Nextel e Iusacell, se observa que realmente es muy limitado el beneficio inmediato que puede obtener Telefónica de estas adquisiciones. Una experiencia totalmente opuesta ocurriría si el operador apuesta por una empresa de servicios fijos que cuente con gran números de usuarios en el país o al menos una red de fibra óptica nacional que complemente a la red de Movistar.

José F. Otero es presidente de Signals Telecom Group.