Lo más lamentable de la muy dañina tormenta que ha levantado la cancelación del proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) es que pudo ser evitable. Pero hay otro saldo aun peor: el manejo que ha dado al caso el propio López Obrador (AMLO) lo ha metido en un callejón sin salida. ¡Todavía no toma posesión y ya demostró ser un estratega inepto!  De los manuales de estrategia militar sabemos que los grandes estrategas siempre se dejan una vía de salida para el caso de la batalla que se está peleando. Sin embargo, en la reciente batalla por el NAIM López Obrador se dejó encerrado solo.

Así ocurrió al darle todo su respaldo a esa consulta popular falsa, ilegal e indefendible. En el mismo sentido, sentenció unilateralmente la muerte del proyecto de Texcoco al decretar sin posibilidades de salvación que era producto del “contratismo voraz”. Y el tiro de gracia lo dio al tratar de convertirse en mártir y decir que el asunto del NAIM era más que cuestión de un proyecto de obra pública, un conflicto general de fondo: “de una división clara desde ahora; entre el poder económico y el poder político. Están acostumbrados a otro tipo de gobierno. Eso se terminó”. Y la conclusión es que ante esas formas de radicalismo, Andrés Manuel López Obrador se cerró las puertas de cualquier tipo de renegociación del proyecto. Se dio un disparo en el pie.

Pero claramente AMLO mintió al decir que no pasaría nada por la cancelación del NAIM y al convocar a que todos se mantuvieran tranquilos. La verdad es que esa cancelación y de manera particular las formas con las que se decidió justificarla, sí causaron daño y algo aun más evidente: que el propio Andrés Manuel López Obrador tuvo que acusar recibo del problema que se ha provocado. Tan es así, que en la edición de El Economista de hoy miércoles 31 se habla del inicio de una “operación cicatriz” por parte del mismísimo AMLO y de integrantes distinguidos de su círculo cercano: una comisión para “apaciguar los ánimos”, según expresión de Alfonso Romo, jefe de la Oficina de la Presidencia.

Muy ilustrativamente se habla de una operación cicatriz y no de una operación curación. La razón es que la herida ya no la cura nadie. En otro lenguaje y más allá de las metáforas periodísticas, un costo político producido imposible de borrar.

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BrunoDonatello

Columnista

Debate Económico