Un serio debate internacional se ha detonado en torno de cómo hacer para que las terapias que realmente son efectivas y eficaces sean más accesibles a la humanidad.

En la Organización Mundial de la Salud (OMS) es un tema que se discute cada vez más abiertamente, empujado por los países emergentes, y hace dos semanas pudieron incluir una propuesta que permitió que fuera uno de los asuntos discutidos en su Asamblea Anual, donde participaron los ministros de Salud de todo el mundo.

El peso de la discusión parece ir en contra de las grandes farmacéuticas transnacionales, las principales generadoras de medicamentos, cuyas terapias innovadoras salen al mercado a precios excesivamente elevados, argumentando los años en que tardan para conseguir una nueva terapia verdaderamente eficaz y segura, es decir, los elevados costos de investigación y desarrollo.

El economista Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, rebatió este argumento en un artículo publicado hace unos días en el periódico El País, de España, donde expuso que los costos de la investigación y desarrollo son cubiertos ante todo por las universidades y el sistema académico, al menos en Estados Unidos, dado que el conocimiento surgido es un bien común. Pero al mismo tiempo, destaca, la propagación de ese conocimiento es extremadamente limitada debido a que el sistema de patentes estimula a acapararlo y mantenerlo en secreto.

De hecho, el prestigiado economista habla de que el régimen ineficaz de propiedad intelectual que obstaculiza el desarrollo y disponibilidad de medicamentos asequibles pudiera ser un fracaso de la economía y la legislación que debe corregirse urgentemente.

Habría que considerar que lo que ha motivado este debate no sólo es que las terapias innovadoras que en los últimos años han salido al mercado lo hacen a precios cada vez más elevados, sino también juega aquí el envejecimiento poblacional a partir de una mayor esperanza de vida y la necesidad de tratamientos permanentes para tratar padecimientos crónico degenerativos, es decir, para tomarse para el resto de la vida, y eso lleva a la quiebra a los sistemas nacionales de salud.

Lo que quizá no se toma en cuenta es que uno de los factores que han motivado esa mayor esperanza de vida de la humanidad es la existencia de tratamientos para enfermedades que antes causaban la muerte inevitablemente. Es algo que la industria farmacéutica innovadora de todo el mundo no ha sabido comunicar eficazmente. Y otra cosa cierta es que hoy, por los propios avances científicos y su mayor complejidad, tardan mucho más en obtener una nueva terapia que lo que hace unas décadas.

En México, específicamente este debate se aterriza en dos asuntos aún por terminar de definirse: la vinculación entre autoridad sanitaria (Cofepris) y autoridad de propiedad intelectual (IMPI) –concepto conocido como linkage-, así como la protección de datos.

Hablando del linkage, son crecientes las voces entre autoridades que lo ven como algo que debe modificarse y hacerlo algo más cercano a como se aplica en Estados Unidos, o sea, dejando el respeto a la propiedad intelectual en manos privadas dirimiendo las diferencias en tribunales, sin que sea el Estado el que a priori impida la entrada de un genérico y ya después se determine si realmente está violando o no una patente existente.

En cuanto a la protección de datos, es un tema que la Asociación Mexicana de la Industria para la Investigación Farmacéutica (AMIIF), en particular la Comisión de Propiedad Intelectual, busca empujar con el argumento de que tiene un valor haber conseguido una fórmula eficaz y segura para tratar un padecimiento y por tanto debe ser protegida por cinco años, lo que es un punto independiente de la patente.

Lo que sucede, dicen los abogados en favor de la propiedad intelectual, es que no se ha entendido la esencia de la innovación y la aportación que significa, y que los países emergentes lo han aprovechado como moneda de cambio en acuerdos comerciales sin saber bien a bien lo que están negociando y sin tener un proyecto claro sobre qué hacer con lo que ceden y lo que obtienen.

En el libro La propiedad intelectual y la investigación farmacéutica, presentado hace unos días por la AMIIF y recién publicado por la Facultad de Derecho de la UNAM y Editorial Porrúa, se toca extensamente el tema y se aportan puntos de interés a la discusión.

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