Un conflicto de interés surge cuando, derivado de relaciones por actividades anteriores, una persona o institución no puede garantizar la independencia y objetividad de sus acciones y decisiones. Aunque en algunos casos el conflictos de interés están sancionado por la ley o incluso tipificados como delito, el nepotismo por ejemplo, éste es más un tema ético que legal.

El código de ética para los funcionarios de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) dedica un capítulo a este tema y va más allá de lo legal. Señala que hay que evitar acciones que sean o parezcan un conflicto de interés: En ocasiones la percepción de un conflicto de interés plantea tanta preocupación ética como un conflicto efectivo de interés. Las situaciones de conflicto de interés no implican necesariamente una actuación errada. No obstante, si no se determinan o gestionan de manera apropiada, pueden comprometer nuestra labor y la integridad de la Organización . Eso, que en apariencia es tan sencillo, es lo que la Presidencia de la República y sus asesores no acaban de entender.

Durante tres meses el vocero presidencial negó sistemáticamente que en el caso de las casas del presidente y del secretario de Hacienda existiera un conflicto de interés. Y vamos a suponer que efectivamente es así, (yo no comparto esa opinión, pero vamos a darla por buena) el problema es que se creó la percepción de que así era y la Presidencia, para usar las palabras de la ONU, no la gestionó de manera adecuada y terminó comprometiendo la labor propia de la institución .

No podemos adivinar la conclusión del nuevo secretario de la Función Pública, lo que podemos adelantar es que si el señor hace una revisión legal de la situación no va a encontrar nada; lo ha dicho y repetido una y otra vez el vocero oficial y los voceros oficiosos de la presidencia. Pero el problema no está ahí. La que está comprometida no es a legalidad sino la credibilidad de Los Pinos derivada de un conflicto de carácter ético. La gripe, lo sabemos, no se cura con antiácidos. La presidencia tiene un problema grave de diagnóstico y por lo tanto de eficiencia en sus acciones. Combatir con argumentos legales un tema de percepción solo ayuda a genera una imagen peor; debatir en el campo de las leyes un problema ético es como bañar burros (gastar agua y jabón a lo baboso).

El Presidente devastado, urgido de un aplauso, del martes pasado nada tiene que ver con el magnánimo Peña Nieto del segundo informe. Hasta ese día los priistas presumían que el de Peña era un gobierno que tocaba por nota, el problema es que solo se saben una canción y han sido incapaces de entender que el país tare otro ritmo y, sobre todo, otra sensibilidad. ¿Alguien en el gobierno entiende lo que es la ética o al menos el jazz?