La primera vuelta electoral, que tuvo la abstención más baja desde el Frente Nacional, reflejó finalmente lo que ha venido sucediendo en varios países en vía de desarrollo, a medida que mejoran los indicadores de pobreza. La gran mayoría de los votantes tomó conciencia de sus preferencias políticas y se ha abalanzó a las urnas, en una fiesta democrática sin precedentes.

Independientemente de la victoria de los extremos políticos en los comicios, la jornada deja buenos augurios en cuanto a participación política y la credibilidad entre la población de que puede autodeterminar la forma en que evoluciona la sociedad por medio de las urnas. Además de este importantísimo resultado, quedan sobre el tapete múltiples conclusiones.

1. Fake news. La víspera de las elecciones estuvo plagada de noticias falsas, desde la institucionalidad y las redes sociales, que afortunadamente no tuvieron influencia en los resultados. A pesar de lo irritantes que son para quien lee la intención detrás de las mismas, el votante colombiano descartó su validez rápidamente. En este caso, hubo un refrito por parte de Michael Evans publicado en el New York Times contra Álvaro Uribe, con claras intenciones electorales contra Iván Duque, que fue publicado en todos los medios al ser recogido por las agencias internacionales, y un montaje en video que habló de una alianza para segunda vuelta entre De La Calle, Fajardo y Petro.

2. Toxicidad. El candidato Petro, que había sido catalogado por un periodista como tóxico en una posible coalición con De La Calle y Fajardo, resultó ser un aprendiz en este aparte comparado con el presidente Santos. Los dos aspirantes que hicieron parte de su gobierno no llegaron ni siquiera a 10% del voto y quedó reflejada en estos comicios la insatisfacción por la firma de un acuerdo de paz que, a los ojos de muchos, no está llevándonos a una paz estable y duradera. Asimismo, la imagen que poco a poco construyó gobernando por medio de la mermelada, con personajes que aprovecharon su cercanía, como Roberto Prieto, para lucrarse del Estado, le pasó cuenta de cobro.

3. Estrategia electorera. La táctica de Petro de alertar sobre un posible fraude quedó al desnudo después de una impecable labor en el conteo de los sufragios. El todo vale del candidato de izquierda quedó en evidencia en los múltiples foros que se realizaron después de las elecciones.

4. Disciplina de partido. El Centro Democrático demostró que la disciplina da sus réditos, un ejemplo para los políticos que deambulan entre el Partido de La U, Cambio Radical, el Partido Liberal y el Conservador. Su candidato, Iván Duque, ganó en 23 departamentos, mientras que Petro ganó en 9 y Fajardo en Bogotá. El discurso del candidato profesor caló bien en las ciudades capitales, pero estuvo alejado de los habitantes de las zonas rurales y los pequeños municipios, donde la organización del CD fue crucial.

5. Para que Colombia siga creciendo en convertirse en un mejor país para sus habitantes, es necesario que, más que acabar con la polarización y las diferencias de opinión, que son válidas en una democracia, el próximo presidente respete las instituciones y combata decididamente a aquellos que no las respetan por medio de actos de corrupción. Es crítico que no utilice las instituciones para venganzas políticas ni para perpetuarse en el poder.