Hace un momento, hablé con mi adversario para felicitarlo por su triunfo como Presidente. Le ofrecí reunirnos lo más pronto posible para empezar a sanar las confrontaciones de la campaña y la contienda que acabamos de pasar, haciendo a un lado cualquier resabio de resentimiento partidista.

Ninguno de los dos anticipó este difícil proceso, pero así se dio y ahora termina como debe concluirse: a través de las instituciones de nuestra democracia.

El tribunal resolvió y no quiero dejar dudas: no obstante mi profundo desacuerdo con su resolución, la acepto. Y la acepto como instancia definitiva. Y esta noche, por la unidad del pueblo y la fortaleza de nuestra democracia, concedo mi derrota.

También acepto la responsabilidad de reconocer al Presidente electo y hacer todo lo posible por la unidad de la nación conforme a los principios de nuestra Constitución.

Sé que mis seguidores estarán decepcionados. Yo también lo estoy. Pero nuestra tristeza debe quedar vencida por nuestro amor a la patria.

Y les digo a todos los ciudadanos que nadie vea esta elección como señal de debilidad. La fortaleza de nuestra democracia se muestra más claramente a través de las pruebas que logramos superar. Muchos han expresado preocupación por que el resultado de la elección dañe la gestión del próximo Presidente. Esto no debe ser así.

Personalmente, estaré listo y convoco a todos los ciudadanos –particularmente, a los que votaron por mí- a cerrar filas con nuestro siguiente presidente.

Aunque mantenemos visiones contrarias y no habremos de renunciar a nuestras convicciones, tenemos un deber superior: poner al país por delante del partido.

Por lo que hace a la lucha que termina hoy, estoy convencido de lo que mi padre decía: ‘No importa qué tan grande sea la pérdida, la derrota puede servir igual que la victoria para templar el espíritu y engrandecer el alma’.

La contienda política termina aquí, pero debemos continuar la interminable lucha por el bienestar de todos nuestros compatriotas.

No, no se trata de un sueño guajiro de Enrique Peña, imaginando que López Obrador reconoce su triunfo. Es un extracto del discurso de Al Gore, luego de que la Suprema Corte de EU le diera el triunfo como Presidente de Estados Unidos a su oponente, George W. Bush, luego de una elección plagada de irregularidades, en diciembre del 2000.

Sin duda, las democracias necesitan demócratas.

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