La situación en países en desarrollo fomenta la creencia de una línea por individuo.

La masificación de los servicios de telecomunicaciones durante las pasadas dos décadas se debe en gran parte al increíble desarrollo de las tecnologías inalámbricas. El despliegue de redes inalámbricas que, rápidamente, cubrían grandes extensiones de terreno y la implementación de modelos de negocio que consideraban el poder adquisitivo del mercado han sido los principales catalíticos de este crecimiento. El desafío es cómo mantener e incrementar los niveles de inversión de nuevas tecnologías mientras se reducen los tiempos de adopción de éstas por parte de la población.

Uno de los crecientes obstáculos que enfrenta el sector es el surgimiento de un optimismo hiperbólico que exagera el impacto de las metas cumplidas y nos hacen sentir como personajes de Voltaire escuchando a Pangloss decir que vivimos en el mejor de los mundos posibles. El peligro de esta sed por buenas noticias es que nos puede llevar a desvirtuar la realidad al no entender verdaderamente qué es lo que sucede. Si todo es notable y funciona de maravilla, entonces, seguramente no hay necesidad de corregir deficiencias.

Como ejemplo, veamos lo sucedido en los pasados días. La prensa vociferaba por todos lados un dato erróneo publicado por el Banco Mundial durante el anuncio de su estudio Maximizando el móvil . Este reporte se enfoca en el uso y regulación de los servicios móviles para incrementar la adopción de banda ancha inalámbrica, como también la utilización de estas redes para la difusión de aplicaciones relacionadas con la salud, transacciones financieras y la educación.

¿Cuál fue el dato erróneo? Afirmar de forma un poco ambivalente que 75% de la población del mundo tiene servicio celular.

Inmediatamente, los artículos de prensa y comentarios de supuestos especialistas se volcaron a esta frase para elogiar los grandes avances del sector de telecomunicaciones. De ser cierta esta aseveración, en el planeta Tierra sólo habría 1,750 millones de personas sin servicio celular.

Muchos se preguntarán ¿por qué doy tanta importancia a este tema? Mi primera preocupación es ver cómo hasta en una institución como el Banco Mundial se puede caer –no digo que de manera intencional– en el error de contabilizar cada línea móvil reportada como siendo utilizada por una persona distinta. Nuevamente, nos encontramos con el viejo dilema de obviar personas que pueden tener una línea celular personal, otra por el trabajo, una conexión USB para conectarse a Internet y un Kindle con conexión 3G gratuita para descargar libros. Lo anteriormente descrito no es algo fuera de lo común en mercados desarrollados de Europa, Asia-Pacífico o Estados unidos.

La situación en países en desarrollo fomenta la creencia de una línea por individuo. Hay lugares donde la diferencia tarifaria entre llamadas dentro de la red de un mismo operador y llamadas a un tercero hace muy común que las personas posean dos o más líneas celulares. Lo curioso de la cifra del Banco Mundial es que esta institución contribuye con datos para el reporte de Objetivos del Milenio que publica las Naciones Unidas y que en su versión del 2012 indica que la cifra de personas que viven con menos de 1.25 diarios dólares es de 1,400 millones, aproximadamente, 20% de la población mundial. Sinceramente, ¿se puede creer que 75% de los seres humanos usa celular? ¿Esta cifra contabiliza a los bebés de menos de un año de nacido o las líneas M2M?

El día que se publique que 100% de la población mundial tiene acceso a una línea móvil, entonces, no habrá necesidad de contemplar iniciativas para incrementar el acceso a tecnologías en los sectores más pobres de la población. Y como llevar servicios de telecomunicaciones no ocurre en un vacío, se verán afectadas la inversión en infraestructura básica como electricidad o carreteras o como bien dice el mal interpretado estudio de aplicaciones que sirven para mejorar los servicios médicos, los niveles de educación y la bancarización de los más pobres.

La enseñanza que debemos tomar de este ejemplo es tratar de entender qué significan las cifras que se nos ofrecen e intentar colocarlas en contexto. No basta con alabar el desarrollo del sector si no entendemos cómo y dónde se está dando este crecimiento.

Sobre todo, cuando en los últimos años lo que vemos es un alza asimétrica en la contratación de servicios siendo las segundas y terceras líneas un componente importante de este crecimiento.

* José F. Otero es presidente de Signals Telecom Group.