Los morenistas y los priistas pueden jalar juntos la yunta para el presidente Andrés Manuel López Obrador. Eso no está mal. Ni bien, para el caso. Es una actitud habitual y lógica en la escena política, tan previsible que ha sido anunciada por analistas serios y taxistas enterados desde antes de la elección de 2018. El PRI y Morena no son adversarios en el fondo. Son hermanos y hasta el apodo de Primor se han ganado.

Por eso ahora es probable que los tricolores se sumen a la reforma eléctrica que impulsa el presidente de la república, pero esto no tiene que ver con que los priistas no sean seres de confianza, sino con la naturaleza de la política, el contexto en el que están y los incentivos construidos. 

Los priistas, como todos los políticos, son seres racionales (es un decir) que tratan de optimizar sus ganancias, y por ganancias entiendo desde la materialización de sus ideas de nación hasta la elusión de las rejas, atravesando por beneficios electorales. 

En esas están hoy: con la posibilidad de acercarse a Morena a través de la reforma eléctrica en un contexto que los impulsa a ello. Intentaré explicarme a través de la tipología de los priistas que Morena tiene que convencer para votar a favor de una reforma estatista: la misma tipología que debe ver el bloque opositor para convencerlos de lo contrario.

El priista con cola que le pise. Algún ex gobernador, algún que otro ex alcalde que ahora vea con temor que otro partido tiene la llave del cajón del que se sirvió en años previos. No hay incentivo más convincente para sonreírle al poder en turno que la posibilidad de ir a prisión.

El auténtico gobiernista. Ese político atascado en el siglo pasado, que cree que el Gobierno debe ser el empresario mayor y el tutor todopoderoso porque la competencia entre privados es nociva para el desarrollo del país. 

Los godinez del poder. Aquellos tricolores que suspiran por volver a formar parte del cuadro burocrático dorado a las órdenes del señor, su señor, guinda o colorado, para no tener que pensar en rumbos ni planes ni alianzas ni vida fuera del presupuesto.

El que se siente damnificado y cree que merece beca. Aquellos que ven resquebrajarse a su partido y buscan cheque de reconstrucción para que este no sea su último paso por la vida pública.

El lopezobradorista de closet, o mejor dicho el nostálgico de la forma autoritaria. Ese que está convencido de que el ex priista de Palacio es hechura de la casa y aplaude cuando el Presidente muestra su misoginia, su autoritarismo, su ceguera ante la corrupción de casa y su tentáculos en otros poderes. 

No negaré la existencia de alguno que otro tricolor convencido de las bondades del esquema energético que permite la competencia y la apertura tecnológica del sector, pero veo a este espécimen como un ser acorralado. Para que decida seguir lo que todavía dicen los estatutos de su partido, tendría que ser un priista sin cola que le pisen, sin inclinaciones autoritarias, sin tendencia al godinato y sin afición al victimismo. Está muy complicado. El PRI no ha sido atacado por el actual gobierno y, por otra parte, la alianza formada con el PAN y el PRD fue una estratagema electoral, no una coalición legislativa. El costo de salirse no es alto. Quizá el PRI desaparezca, pero los priistas ya traerán su otra liana. Al menos estos, los que quieren votar a favor de la reforma eléctrica. 

¿Está todo perdido para la oposición? No. Tendrán que detectar rápidamente contraincentivos para los políticos del tricolor, y, si me apuran, para los políticos de otros partidos que puedan coquetear hoy con la coalición gobiernista. Tienen que encontrar  zanahorias más grandes y amenazas más creíbles. Siempre se puede.

Ivabelle Arroyo

Politóloga

La Sopa

Ivabelle Arroyo Ulloa es politóloga y analista, con 24 años de trayectoria periodística. Es jurado del Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter en México. Dirige una revista digital sobre política capitalina y escribe para medios jaliscienses.

Lee más de este autor