Nos previenen desde la cancillería que el encuentro que sostendrán este día los presidentes de México y Estados Unidos tiene más visos de ser un mero formalismo que una cumbre de la que habría que esperar algún resultado.

Es tan sólo media hora, es el marco de un encuentro multilateral y es una más de muchas reuniones entre mandatarios que se dará allá en Hamburgo, Alemania.

Sin embargo, del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hay que esperar lo que sea. Y no sólo del encuentro con el presidente Enrique Peña Nieto, sino de sus otros encuentros bilaterales y de su desempeño en medio de los otros 19 líderes mundiales del G-20.

Desde un empujón para ponerse al frente de la foto del recuerdo, hasta algún exabrupto que acerque al mundo a una guerra global.

Pero en el caso de la reunión Peña-Trump hay mucho en juego y no precisamente porque se tenga que definir quién paga el muro.

Está en marcha el proceso de renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y las fechas más importantes están a la vuelta de la esquina.

Se ha posicionado como el momento del inicio de las pláticas trilaterales el 16 de agosto y es correcto. A partir de ese día Estados Unidos estaría habilitado para sentarse a la mesa, sólo a la espera de que las otras dos partes también estén en disposición.

Pero la próxima semana es también una aduana importante para el futuro de este acuerdo. De hecho, podemos considerar que la comunicación que haga la Casa Blanca al Congreso sobre sus planes de renegociación nos adelantará el guion de la comedia o la tragedia que pretende escribir Donald Trump.

Hoy nadie sabe realmente nada de lo que pretende Trump con el TLCAN. Entre su promesa de derogar el acuerdo y la actitud de defensa de muchos sectores productivos estadounidenses del acuerdo trilateral, cabe todo.

Sabemos por su currículum que tanto Wilbur Ross, secretario de Comercio, como Robert Lighthizer, representante comercial del gobierno, son claros defensores del proteccionismo que enarboló Trump durante su campaña.

Mantener el libre comercio en América del Norte responde más al sentido común que a una estrategia del actual gobierno. Pero eso del sentido común no está de moda en el mundo.

Por eso es que a la subestimada reunión de hoy hay que ponerle un poco más de atención. Puede ser el pretexto de Trump para fijar una postura tuitera respecto a lo que habrá de presentar, puede ser que los mexicanos salgan con alguna expresión en el rostro que denoten los planes futuros de la Casa Blanca o puede ser que efectivamente no pase nada.

Lo cierto es que ya vienen los tiempos definitorios del acuerdo comercial trilateral y eso le da un peso mayúsculo a la foto de hoy entre Peña y Trump.

Por cierto. Ojalá que Enrique Peña Nieto haya recibido algún entrenamiento de defensa personal para responder con eficacia al apretón de manos y al sacudidón que le aplicará el grandulón del presidente Trump.

ecampos@eleconomista.com.mx