La mejor síntesis de lo que podemos esperar en todo el planeta con la administración de Donald Trump como presidente de Estados Unidos la dio una de sus más cercanas asesoras, Kellyanne Conway, quien aseguró que las percepciones de esta nueva administración tienen que ver con hechos alternativos.

Claro que ya teníamos suficientes evidencias con el discurso de aceptación del presidente y con el mensaje editorial de iniciar su mandato bailando My Way .

Si de algo no se puede acusar a Trump es de incongruencia. Las mismas posiciones radicales que tuvo como precandidato, después como candidato, las mantiene ahora como presidente. Pero había algunos que tenían el buen deseo de que una vez en la Casa Blanca este sujeto se moderaría. Claramente no es así.

Entonces, si estamos frente a un gobierno que defiende una realidad propia, interpretada, que ve hechos alternativos, no podemos esperar ninguna sensatez en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que inicia esta misma semana.

La ratificación de principios que hizo el presidente Enrique Peña Nieto debe tener más una repercusión interna que un intento de advertir a Donald Trump de que no seremos suavecitos en las reuniones que vienen, porque simplemente no le importa.

El gobierno de Trump ya le puso un objetivo a su relación comercial con México: quiere un comercio justo. Lo que no nos ha explicado es su definición de justicia comercial. Pero no hay que buscar su significado ni en la etimología ni en las teorías jurídicas. Para la actual administración estadounidense lo justo es lo que ellos piensan. Nada más.

Por eso, si entendemos que el gran ausente en la nueva relación norteamericana será el sentido común, no podemos condenar la postura que deja ya ver el gobierno de Canadá de marcar distancia con sus dos otros socios comerciales de la región.

El embajador de Canadá en Washington marcó distancia, en lo que parece un intento de salvar el pellejo comercial propio cuando hay una clara consigna en contra de México.

David MacNaughton dejó en claro que su país no está en la mira de Estados Unidos en sus esfuerzos de renegociar el TLCAN. Esto deja en claro que no pasa de ser un sueño aquello de unir fuerzas canadienses y mexicanos para defender el acuerdo comercial trilateral.

Bajo ese escenario, si Estados Unidos decide abandonar el TLCAN por no haber conseguido lo que ellos ven como comercio justo, no es descartable que detrás del anuncio de la Casa Blanca de abandonar el acuerdo comercial venga un anuncio similar de Ottawa.

Lo que seguiría por parte de los canadienses sería la negociación de dos acuerdos comerciales bilaterales, uno con México, que implique una modernización del actual TLCAN pero sólo entre dos. Y otro acuerdo bilateral con Estados Unidos que mantenga e incluso amplíe los mecanismos de integración entre ambos países.

Es por ello que lo que más vale es mantener las alianzas hacia dentro de México. Sin que se trate de refrendar todas y cada una de las acciones que emprenda el gobierno federal pero sí de evitar desde las diversas oposiciones minar una postura común que hoy debemos enarbolar como país.