Muchos de los que escribimos en periódicos o revistas vivimos protegidos de la realidad de un mundo muy duro, una realidad que a la gran mayoría de las familias no les provee un salario para subsistir por medio del teletrabajo. Un mundo alejado de las optimista historias periodísticas que narran como la crisis de una pandemia ha dejado entrever a los tomadores de decisión la importancia de las tecnologías de información y comunicaciones (TIC).

Somos los que detrás de la seguridad de un computador podemos expresar nuestra visión de la realidad sin temer contagios o repercusiones negativas del gobierno de turno. Podemos felizmente narrar las locuras y aberraciones que la llegada del Covid-19 ha traído a los países de las Americas. Por ejemplo, imaginar que con una estampita de la virgen la protección divina con todo y arcángeles llega nuevamente a la tierra para protegernos. Aquellos que sean contagiados solo son los apostatas que mienten a sí mismos y a la sociedad sobre su fervor religioso. Son los pseudo-anacoretas que dejan a la virgencita de la Guadalupe llorando lagrimas de sangre.

Ante esta realidad que más queda que mostrar humildad y caristia ante los seres de luz que continuamente nos están vigilando. Hay que demostrar que cumplimos nuestra palabra independientemente de las consecuencias que la misma pueda tener. Lo importante es dar el ejemplo y seguir con la moral en alto pues para gobernar un país con tener la razón es suficiente. Detallitos como la economía, la inversión y el desempleo pasan a un segundo plano cuando se puede proclamar a diestra y siniestra la virtud de un pueblo encumbrado en una ética que depende del poder supremo del ejecutivo son una simple nimialidad que jamás será mencionada.

Como en B612 lo esencial es invisible a los ojos. Así en el mundo laboral lo esencial es la presencia diaria en el puesto de trabajo. Las herramientas utilizadas, por ejemplo, un computador, son adornos innecesarios que han mal acostumbrado a la fuerza laboral. Es por esta razón, con toda justicia y conocimiento de la totalidad de los segmentos productivos de la economía, que en el gobierno se le anuncia a sus empleados que si no pagan unos 4,000 pesos no se les permitirá tener acceso al mundo digital. Si una presidencia analógica que no entiende el impacto e influencia del mundo digital le quiere imponer a un mundo que desconoce que den un paso atrás y regresen a las ineficiencias que en el Siglo XXI traerían para México el papel y lápiz. 

Ver como se pretense que los empleados públicos tengan que pagar por las herramientas necesarias para poder completar su trabajo es un insulto al empleado y una falta a la palabra del ejecutivo. La impotencia de poder cumplir con presupuestos esperados, con inversiones proyectadas y con nuevas fuentes de ingreso prometidos fuerza a pedirle a gran parte de los trabajadores públicos que paguen para poder ejecutar la labor que les exige su trabajo.

¿Realmente no hubo ningún aviso al gobierno sobre la caducidad de contratos y si la hubo no se pudo encontrar la solución apropiada? Todo parece indicar que la respuesta es un profundo no.

Así. Como en los tiempos del Virreinato, el poder ejecutivo se ha apoderado de todas las posibilidades de reacción del gobierno. A diferencia del tiempo presente a los tiempos de la colonia es que ya nadie compra espejitos y los pobres prefieren acciones a palabras. Si la falta de planeación gubernamental impide que la mayoría de las entidades públicas de la nación puedan operar con su propia computadora esto aparentemente es un tema menor para los seguidores de Morena. 

Ahora, cómo se atreven hablar de transformación digital y las oportunidades de las TIC como  diversificador de la economía si a la hora de la verdad su importancia es ignorada como un borracho ignora a un vaso de agua frente a una copa de tequila.