Prometer no empobrece y de ahí que en las campañas los candidatos prometan un sinnúmero de cosas que no van a cumplir. En la campaña actual, los candidatos han prometido que, de llegar ellos a la Presidencia, harían de nuestro país el paraíso, México se convertiría en un país desarrollado, con altos niveles de ingreso, sin pobreza y con una mayor equidad.

Sin embargo, quizás con excepción de Quadri, ninguno de los otros tres candidatos está realmente convencido de que el papel del gobierno es básicamente dotar a la economía de un marco institucional en el cual estén eficientemente definidos y protegidos los derechos privados de propiedad, uno en el cual se garantice que prevalezcan mercados competitivos, en fin, uno que alinee los incentivos que se derivan de este marco institucional con el objetivo de desarrollo económico. El papel del gobierno es no estorbar la acción privada y solamente intervenir si se atenta en contra de los derechos de terceros. Los otros tres candidatos, principalmente AMLO, están convencidos de que es papel del gobierno jugar un rol activo, en que no esté interviniendo continuamente en los mercados.

La experiencia internacional es muy clara. Un país en el cual prevalezca la libertad individual, con los derechos de propiedad definidos y protegidos, tenderá a ser uno que experimente un proceso sostenido de desarrollo económico. En cambio, cuando el gobierno interviene limitando esa libertad, interviene en los mercados distorsionándolos, invade sin justificación la esfera privada, el resultado es que se inhibe el desarrollo económico. México sigue siendo un país con bajos niveles de desarrollo económico, con una alta incidencia de pobreza, porque nuestro arreglo institucional no define eficientemente los derechos privados de propiedad, éstos están deficientemente protegidos y los mercados no operan en un contexto de competencia. México no avanza más rápido porque no somos plenamente libres. La pregunta obligada es quién de los cuatro candidatos generaría el cambio institucional que efectivamente nos dote de una mayor libertad económica.

Peña Nieto ha indicado que él sí está comprometido con las reformas estructurales para lograr mayores tasas de crecimiento económico. Queda la duda de si ya en el poder estaría dispuesto a atentar en contra de los intereses de grupo, irse en contra de los sindicatos, la burocracia, los empresarios con poder monopólico, etcétera. Por quienes están postulados por el PRI al Congreso, no parece que lo haría.

Vázquez Mota también está comprometida con esas reformas. El problema es que volvería a repetirse la historia de los últimos 15 años, un Presidente que propone los cambios sólo para ser bloqueados en el Congreso.

López Obrador es quien menos cree en la libertad económica. Está convencido de que los intereses individuales deben subordinarse al bien común , algo imposible de definir. Con él como Presidente, la política económica sería un regreso a la década de los 70, marcada por un fuerte intervencionismo gubernamental en los mercados.

Finalmente, Quadri. Él es el único verdaderamente liberal, el único que realmente cree en la libertad económica de los individuos. El problema es que no va a ganar.

¿Será el sexenio 2012–2018 otro de mediocridad?

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