En el terreno económico, América Latina termina este año en peores condiciones que el año pasado y con expectativas poco alentadoras para el 2016.

Esta parte del continente americano es altamente dependiente, lo mismo de las materias primas que de la suerte de las economías desarrolladas. Así vemos a Venezuela y su adicción al petróleo; a Chile que es indivisible del cobre, o a México que tiene ese lazo tan estrecho con comportamiento de la economía de Estados Unidos.

Además, cada una de las economías de la región ha decidido su suerte a través de la aplicación de medidas fiscales o legislativas que han condicionado su suerte.

El 2016 encontrará con una nueva cara a Argentina, en donde el gesto de Cristina Fernández de despreciar la toma de posesión de Mauricio Macri denota la sorpresa de los peronistas de haber sido expulsados vía el voto del poder.

La reconstrucción financiera y de confianza económica de este país es enorme y nada sencilla, si los inversionistas extranjeros atienden a la realidad de que históricamente los mandatarios del corte del actual presidente de Argentina han durado poco en el poder.

Venezuela está lejos del cambio necesario, pero la mayoría absoluta lograda por la oposición en el Congreso al menos le da a esa pobre nación la oportunidad de ser observada por el mundo. Pero por mucho tiempo más Venezuela será un país de carencias, falta de libertades y recesión.

Brasil tiene uno de los peores pronósticos para el próximo año. No sólo por la recesión que enfrentan, sino por el conflicto político que implica enjuiciar a su presidenta Dilma Rousseff y el ambiente social complejo de un país que tiene que organizar unos Juegos Olímpicos tan poco populares entre los locales.

Colombia parece mostrar una recuperación, pero ya tiene que meterle mano a sus fundamentales macroeconómicos porque se ven algo descompuestos. Chile flota entre sus fortalezas económicas históricas y los bajos precios de las materias primas. Uruguay va bien, pero tiene vecinos y socios débiles.

En general, los países que se han metido en el terreno de las reformas estructurales tendrán un mejor panorama que aquellos que han transitado estos tiempos con planes de estímulos fiscales o monetarios.

La situación coyuntural de baja en los precios de las materias primas afecta a toda la región. México no se salva por la dependencia petrolera que persiste en materia presupuestal. Pero al mismo tiempo, este país se beneficia de ser vecino y comercialmente dependiente de la única economía desarrollada que hoy crece.

Y en medio de todo esto, falta ver en el teatro de las operaciones económicas cotidianas los efectos que tendrá el hecho de que suban las tasas de interés en Estados Unidos, lo que restará atractivo a éstos y al resto de los mercados emergentes y subirá los costos de financiamiento de sus proyectos locales.

México parece que se puede diferenciar favorablemente del resto de la región, entre la coyuntura positiva de Estados Unidos y las fortalezas internas de las reformas y el crecimiento del mercado interno podría el 2016 ser mucho mejor para México que el 2016 del resto de América Latina.