Plenitud, gastarse, perderse y renovarse .

Wong Li

Durante estos meses, México aparece como el segundo socio comercial de Estados Unidos. Por encima de China y Japón, sólo después de Canadá.

Estos primeros lugares son pasajeros y móviles, por lo que se puede ver y, precisamente por ello, ese dato debería interpretarse como señal de las decisiones a tomar y las tareas a realizar para que el país desborde competitividad en cada uno de sus integrantes.

En cada uno, sin excepción, desde el vendedor de helados en un crucero de la ciudad, hasta los grandes inversionistas, incluyendo, naturalmente, a maestros y profesores e investigadores universitarios. Competitividad, aprendizaje permanente, benchmarking generalizado: imitar lo mejor de los otros, copiar, reproducir, innovar.

Esto, individualmente y en cada estructura organizativa, comenzando con el gobierno, que ha de considerarse una gran empresa encargada de proporcionar bienes básicos: seguridad, Estado Derecho, gobernabilidad y un arreglo social favorable a los intereses de todos.

Construir bases permanentes de la competitividad es una decisión estratégica. Un buen trabajador, con conocimientos y habilidades, lo es en cualquier empresa. Lo mismo sucede con el servicio profesional de carrera en la administración pública, que entre más alta sea su eficiencia y su calidad, mejor será el gobierno en sus distintos niveles.

El volumen de las exportaciones hacia Estados Unidos dependerá durante los próximos meses de la velocidad de la recuperación de nuestro vecino, de los efectos que tenga la reevaluación del yen en los productos chinos, de una paridad real del peso y, sobre todo, de la inyección de competitividad a empresas y trabajadores mexicanos.

Si en autopartes, por ejemplo, México se encuentra a la cabeza y participa con 32% en el mercado estadounidense, se debe a eso último. Si las perspectivas de crecimiento de la industria automotriz son buenas para los próximos dos o tres años, eso resulta de la calidad de la mano de obra, de los salarios bajos y de la cercanía. Sucede lo mismo con los aparatos electrodomésticos, pero todavía hay mucho por lograr en productos y servicios de alta tecnología.

La producción de servicios y mercancías en este sector repercutirá en la modernización de la planta productiva, habrá de fortalecer el mercado interno y elevará los salarios. No hay que esperar a que los extranjeros inviertan, los mexicanos han de hacerlo, ya. Reorientar las inversiones hacia el mediano plazo es hacerlas más competitivas y rentables.