Según Batres y García Calderón, en el desarrollo económico hay una secuencia que hay que entender y realizar. El aspecto esencial es el despegue. El crecimiento continuo y sostenido una vez logrado un buen despegue es mucho menos difícil que este último. La frase ya mencionada del visionario economista surcoreano Ha-Joon Chang encierra grandes verdades: Si no despego, no vuelo, y si no vuelo, no hay rumbo que discutir . El autor de este dicho llama al despegue: the economics of take-off. Sostiene que la estrategia para el despegue es esencial, y que además, probablemente va a ser distinta de las transformaciones necesarias para continuar con un crecimiento sostenido una vez logrado el despegue. O sea que el desarrollo económico tiene por lo menos dos etapas: la del despegue, tal vez la más difícil, y la del desarrollo sostenido, una segunda etapa en la que se ha de lograr no solamente crecimiento económico, sino un desarrollo social e institucional más amplio. Para México, en estos años el punto esencial a digerir es: que no se comienza por la segunda etapa. Los países exitosos en la era global comenzaron por la primera y se concentraron en cómo lograr el despegue.

La segunda lección que nos ofrecen los países exitosos es que todos, o por lo menos casi todos, hasta donde podemos ver, construyeron las que hemos dado en llamar locomotoras: concentraron los mayores esfuerzos y recursos en torno a algunos sectores industriales en los cuales enfocaron las energías del país para conseguir competitividad y participación en los mercados globales. En este sentido, podemos afirmar que los países exitosos se especializaron , significando esto que establecieron campos prioritarios para el desarrollo económico. En esos campos construyeron modelos empresariales ganadores ( empresas ancla ), cuando fue posible con empresarios del propio país y a veces a base de empresas foráneas, según lo pragmáticamente aconsejable en cada caso. Alrededor de esas empresas ancla construyeron cadenas productivas que de manera eventual formaron todo un grupo (clúster) de alta competitividad.

Los campos de especialización en casi todos los casos fueron un pequeño número, dependiendo de la dimensión del país, es decir: tres-cinco, siete-ocho, 10-12; no 30 o 40. La selección de dichos campos de especialización tuvo mucho que ver, si no es que todo que ver, con las posibles ventajas competitivas que cada país podía desplegar en función de sus recursos naturales, su posición geográfica y las características culturales de los pueblos en cuestión. Cada país buscó las ventajas competitivas más apropiadas para sus características reales.

En tercer lugar, en la formación de esos clústeres y modelos empresariales, en esos países se organizó un gran esfuerzo coordinado público y privado dirigido al fomento, promoción, financiamiento y atracción de inversiones conforme se requirió para la formación de aquellos clústeres. En algunos países la inversión fue más local y en otros provino del exterior, según las circunstancias e inclusive la geografía de cada país.

En los países estudiados se pusieron en juego muy diversos modelos institucionales a fin de orquestar las colaboraciones público-privadas. Los modelos colaborativos en sí mismos representan un objetivo digno de estudio y aprendizaje. En algunos países los gobiernos formaron instituciones formales para la promoción y el fomento, dando amplia cabida al empresario privado y la fuerza laboral. En otros casos, la iniciativa provino más bien del sector privado y fue éste el que cabildeó y presionó para que el Estado condujera el desarrollo de una manera colaborativa con aquél.

*Máster y doctor en Derecho de la Competencia, profesor investigador de la UAEM y socio del área de competencia, protección de datos y consumidores del despacho Jalife& Caballero.