Michael Porter es uno de los economistas más importantes del mundo. Sus análisis sobre estrategia y competitividad son imprescindibles para entender el desarrollo empresarial durante los últimos 40 años.

El pasado septiembre un grupo de expertos de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard, comandado por Porter, publicó un reporte sobre la competitividad de la economía de EU ( Problems unsolved and a nation divided ). El estudio es resultado de cinco años de trabajo, en el contexto de un proyecto que pretende identificar las causas del desempeño decepcionante de la economía de ese país. Se basa en entrevistas a un amplio número de estudiantes de dicha escuela, quienes son altos ejecutivos de empresas de todo el mundo, así como al público en general.

El estudio se basa en una premisa: una nación es competitiva en la medida que sus empresas puedan competir exitosamente en los mercados doméstico e internacional, al tiempo que se elevan los niveles de vida del ciudadano promedio. La competitividad debe conducir a una prosperidad compartida.

El estudio encuentra que la competitividad de la economía estadunidense enfrenta un deterioro sostenido que proviene de hace varias décadas, se ha acentuado en los últimos 20 años y ha conllevado a un deterioro del crecimiento del producto, de los ingresos de los hogares, la inversión, el nacimiento de nuevas empresas; también ha afectado la distribución del ingreso. De igual manera, se ha manifestado en un desarrollo distinto entre la gran empresa y la empresa pequeña, que ha dejado de ser la más importante generadora de empleo.

Estos fenómenos son el reflejo de un ambiente de negocios que se ha erosionado. No obstante que los líderes encuestados ven fortalezas en el sistema de educación superior, en el emprendedurismo, en la infraestructura de comunicaciones, la innovación, los mercados de capitales, en la sofisticación gerencial y en el desarrollo de clústeres industriales, también perciben debilidades crecientes en ámbitos vinculados fundamentalmente con las políticas federales, específicamente, la política impositiva, el sistema educativo, la infraestructura de transporte y el sistema de salud.

Los aspectos señalados están relacionados con políticas de corte federal, las cuales han sido seriamente criticadas. El vecino país requiere, a decir de Porter y sus colegas, una estrategia que articule acciones del gobierno en sus distintos niveles, esté constituida por un conjunto de prioridades articuladas por las fortalezas y sea conducida para actuar sobre las debilidades. Una estrategia plasmada en ocho prioridades que consideran, entre otros aspectos, simplificar el sistema fiscal, facilitar la migración de personas habilidosas, corregir distorsiones en comercio exterior, mejorar la infraestructura y vigorizar el sistema educativo local.

Para lograr lo anterior se debe resolver el problema que representa un sistema político fallido, polarizado, incapaz de producir los resultados económicos que demandan los ciudadanos y que ha creado en ellos un sentimiento de frustración, que se manifiesta en un creciente número de votantes independientes.

El diagnóstico es compartido por igual por los expertos ejecutivos de empresas y el público en general, entre quienes se da un soporte notable por distintas reformas. Sin embargo, los políticos no manifiestan la intención por atender estos y otros problemas. Su actitud es vista como disfuncional y propia de un grupo que se ha convertido en el principal obstáculo para el progreso económico. Esta desilusión es la que hizo posible el triunfo de Trump y la que permitirá la aplicación de políticas populistas, que podrían dar resultados en el corto plazo, pero no traer prosperidad a futuro.

Entender el contexto de la economía estadunidense nos permitirá no solamente saber lo que nos depara en nuestra relación con ese país, sino que además nos debe llevar a reflexionar sobre lo que no estamos haciendo bien en México.

*Excomisionado de la Cofece y profesor universitario.