En los últimos años hemos escuchado cada vez más el concepto de las competencias clave y su importancia tanto del lado académico —en cuanto a la formación de profesionistas exitosos—, como de la perspectiva empresarial, relacionada con actividades como la selección, capacitación y la evaluación del desempeño del personal. En este sentido, las competencias clave son relevantes a lo largo de distintas esferas de la vida personal y profesional de las personas.

Sin embargo, dado el creciente interés que se ha despertado en el sector privado y en algunos de sus grupos de interés, en cuanto a medir, evaluar y difundir los principales avances, resultados, retos y compromisos de las empresas en materia económica, social y ambiental, se requieren personas competentes para el logro del desarrollo sostenible.

Lo anterior ha impactado la forma en la que distintas instituciones de educación superior buscan desarrollar ciertas habilidades y competencias en aquellos alumnos enfocados a carreras en el ámbito de la sustentabilidad, más allá de la propia formación profesional, ya que las instituciones educativas juegan un papel clave en estos procesos formativos.

En el desarrollo de estas competencias clave interviene un aprendizaje formal —que se refiere a la enseñanza académica con un enfoque hacia la interdisciplinariedad y el fortalecimiento de la autonomía en el aprendizaje— y el aprendizaje informal —que se manifiesta en el aprendizaje autodirigido, el aprendizaje experimental o incidental y la socialización—, así como el entorno en el que se lleva a cabo la educación superior, el cual debería estar diseñado de tal manera que favorezca el aprendizaje aditivo, que surge del complemento de ambos tipos (formal e informal).

Lo anterior, desde luego se ve complementado con los propios esfuerzos que las empresas han implementado desde sus áreas de Recursos Humanos, las cuales también juegan un papel fundamental en el desarrollo de estas habilidades y competencias relacionadas con la Responsabilidad Social Empresarial (RSE), la sustentabilidad y la ética corporativa, a través de la creación de una cultura organizacional que se nutre de hábitos, prácticas y conocimientos en estos temas. Esto permite balancear el desarrollo integral del personal con los propios objetivos económicos y financieros del negocio, en un entorno que considera los factores individuales, organizacionales y del ambiente.

Haciendo un análisis de las propuestas que distintos académicos y practicantes han hecho respecto a las competencias clave para la RSE y la sustentabilidad, se podría concluir que se requieren una serie de competencias que le permitan a la persona responsable del tema:

1) Entender el contexto complejo de la sustentabilidad (pensamiento sistémico).

2) Entablar y mantener un diálogo constante con los grupos de interés (diálogo incluyente y colaborativo).

3) Planear, ejecutar y medir adecuadamente una serie de acciones estratégicas (planeación estratégica).

4) Difundir eficientemente y a través de los canales adecuados los avances y resultados (comunicación asertiva).

5) Obtener y sistematizar la retroalimentación que permita mejorar todo el proceso (análisis y reflexión), entre otras.

Así, para ser capaces de afrontar los retos de la sustentabilidad y la RSE, las personas responsables del tema deberán contar con estas competencias o participar en un proceso formativo (universitario o empresarial) que les permita desarrollarlas de manera holística.

Director del Centro IDEARSE para la Responsabilidad y Sustentabilidad de la Empresa de la Universidad Anáhuac México.
Twitter: @J_ReyesIturbide y @Centro_IDEARSE