Si sientes que el dinero se te va de las manos, te cuesta trabajo llegar a fin de mes o necesitas crédito para pagar ciertas cosas cotidianas, es posible que no tengas un buen plan de gastos y por lo tanto tu dinero se salga de control. O quizá vivas más allá de tus posibilidades, lo cual nunca resulta en nada bueno.

Hay personas que llevan un registro de sus gastos en una app, lo cual es una buena práctica porque les permite saber exactamente en qué se les va el dinero. Pero aún así, no logran controlarlo. La razón es muy sencilla: registrar los gastos no ayuda a tomar decisiones antes de gastar. Sólo nos permite saber en qué lo hicimos (ayuda, pero no soluciona).

En general, el dinero se comporta como un grupo de adolescentes necios y rebeldes en un salón de clases. Si el profesor no sabe controlarlos, ellos lo terminarán controlando a él. El maestro podrá llevar un registro estricto de las acciones que cada uno de ellos haga, pero eso por sí mismo no le hará tomar el control.

Así pasa con nuestro dinero. Tomar el control implica entender que nosotros damos las órdenes y somos los que tenemos que decirle a nuestro dinero exactamente qué es lo que queremos que haga por nosotros. Para eso hay que tener un plan que se llama plan de gastos o presupuesto.

Sé que la palabra “presupuesto” espanta a muchas personas porque se asocia con sentimientos de limitación y también de frustración. Muchísima gente ha intentado hacerlo sin éxito y por eso se siente mejor sin él. No tiene por qué ser así y de hecho eso sucede porque circulan muchos consejos que parecen tener sentido pero que en la realidad no funcionan. Lo entiendo porque a mí también me pasaba lo mismo: leí infinidad de libros y blogs sobre presupuestos, probé varias aplicaciones hasta que encontré por qué nada de eso servía.

¿Qué es lo que sucede? ¿Por qué esos presupuestos no funcionan? Una razón poderosa es que la gente presupuesta tanto el ingreso como el gasto. Se sientan a principios del mes y dicen: “este mes me van a pagar 20,000 pesos” y entonces empiezan a ver en qué se deberían de gastar ese dinero, que todavía no reciben. Una de las lecciones más sencillas pero más importantes es no hacer planes con dinero que no hemos recibido todavía. El plan de gastos se hace siempre con el dinero que tenemos en mano.

Hacer un plan de gastos consiste simplemente en respondernos una sencilla pregunta: ¿Qué es lo que necesito que este dinero haga por mí, antes de que me vuelvan a pagar? Debemos asignar a cada peso que tenemos en mano un trabajo. Cuando recibamos más dinero, tenemos que asignar a esos pesos su trabajo también.

Otra razón por la que la manera tradicional no funciona es que la gente hace su presupuesto, lleva un registro de sus gastos y nunca vuelven a ver su plan hasta que termina el mes y se dan cuenta, frustrados, de que su dinero hizo lo que quiso. Gastaron de más en unas categorías, menos en otras pero en general nada salió como estaba planeado.

Eso es un error porque el presupuesto es precisamente una herramienta que debe guiar nuestro gasto y debe ayudarnos a tomar decisiones antes de gastar de más (no después, cuando nada podemos hacer). De esto hablaremos en la segunda parte.

Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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