Muchas personas piensan que el activo más valioso que poseen es su casa. Claro que es importante, pero desde mi punto de vista hay algo más: nuestra capacidad de generar ingresos. Para ilustrarlo simplemente te invito a pensar: ¿qué harías si de repente ya no puedes trabajar? ¿De qué vivirías? ¿De qué lo harían tus hijos?

Ahora bien, la capacidad de generar ingresos depende de muchas cosas, entre las que se encuentran:

Nuestra integridad física. Existen muchos trabajos que nos requieren brazos fuertes para cargar objetos, piernas para caminar y correr de un lado para otro. Pero incluso en la oficina necesitamos nuestras manos para teclear en la computadora o contestar el teléfono.

Nuestra salud (incluyendo la emocional). Cuando estamos muy enfermos, no podemos trabajar de manera adecuada ni tampoco ser productivos. Esto incluye situaciones como el cansancio crónico, la falta de sueño o el estrés, que nos puede llegar a “tronar”, como se dice coloquialmente. Cuidar de nuestra salud, en todos los aspectos, es esencial.

Nuestras capacidades intelectuales. Mientras más habilidades tengamos, podremos aspirar a una mayor remuneración. No me refiero únicamente a certificados escolares, sino a capacidades de manejo de personal, liderazgo, entre muchas otras. Por ello es importante mantener una educación continua, aun de manera autodidacta. En muchos trabajos, un manejo elevado del idioma inglés es esencial, no digamos para poder crecer sino incluso para lograr obtener un trabajo.

Hay muchas cosas que podemos hacer para proteger todos estos aspectos, desde tener una buena alimentación, dormir bien, hacer ejercicio y chequeos médicos cada seis meses. Podemos leer sobre distintos temas para ejercitar nuestra mente y ampliar nuestra cultura. Podríamos incluso tomar un diplomado o aprender nuevos idiomas. Si tenemos algún problema emocional o mental que nos genere miedo o que nos impida tomar decisiones con claridad, podemos tomar terapia y otro tipo de tratamientos que nos pueden ayudar en ese sentido.

Pero aun si hacemos esto, las cosas pasan. Hay enfermedades crónicas que vienen sin aviso, incluso accidentes que pueden lograr cambiar nuestra vida completamente, en un instante, afectando por consiguiente nuestra capacidad de trabajar y generar ingresos.

No estoy hablando de perder una chamba y buscar otra. Estoy hablando de una incapacidad total y permanente que significa perder la capacidad de trabajar, para siempre. Mi agente de seguros le llama a esto una “muerte económica”.

Hay distintas maneras de protegernos contra eso. Los sistemas de seguridad social como el IMSS o el ISSSTE incluyen protección en este sentido, pero está topada. Además, muchas personas no tienen acceso a ella, o por las malas prácticas laborales que existen en nuestro país, están dados de alta o contribuyen con un salario mucho menor al que realmente perciben (porque hay esquemas mixtos de salario base + comisiones u honorarios, que muchas empresas manejan para evadir con ello sus obligaciones laborales). Pero además los accidentes pueden suceder cuando estamos entre dos empleos, justo cuando no estamos cotizando y no podemos aspirar a esos beneficios.

Por eso tenemos que evaluar alternativas de protección, que nos puedan ayudar a complementar la cobertura que nos proveen los sistemas de seguridad social. En México es sencillo y podemos hacerlo a través de los seguros de vida. Muchos de ellos ofrecen coberturas adicionales que no incrementan el costo de manera significativa y que desde mi punto de vista son fundamentales:

1. Cobertura adicional de invalidez total y permanente. La compañía de seguros paga la suma asegurada contratada en caso de que suceda un evento que nos impida seguir generando ingresos (trabajando en una actividad como la que teníamos antes del siniestro).

2. Exención de primas por invalidez total y permanente. Significa que en caso de invalidez, nuestro seguro sigue en vigor durante todo el plazo contratado, sin más pago de primas.

En caso de contratar ambos beneficios, en caso de una invalidez podemos recibir la suma asegurada para poder continuar viviendo. Pero además nuestra póliza continúa en vigor, por lo cual sin más pago de primas, en caso de fallecimiento (o de supervivencia, depende del tipo de póliza) nuestros familiares reciben de nueva cuenta la suma asegurada contratada.

Esa es, en México, la manera más eficiente de poder cubrir nuestro activo más importante: nuestra capacidad de generar ingresos.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com