En los inicios de cada año existe la tentación de planear lo que, como individuos, empresas, organizaciones o gobiernos, pensamos que debemos y podremos realizar. En esa planeación volcamos (con distintos niveles de planeación real), nuestros deseos, anhelos, nuestra visión de lo que creemos que es deseable y que, con mayor o menor información, consideramos que es alcanzable.

La planeación tiene límites; uno fundamental es que el entorno no necesariamente se comporta de la manera que supusimos cuando planeamos. La mejor planeación puede resultar inoperante y fallida ante cambios incluso poco significativos del entorno.

Para un gobierno, por ejemplo, la planeación de un año parte de supuestos que determinan los recursos de que dispondrá y que a su vez son resultado del nivel de actividad económica del país (qué impactará los niveles de recaudación fiscal) o del comportamiento de la economía mundial o del precio de materias primas. Asimismo, factores como el tipo de cambio no necesariamente dependen (cómo lo hemos visto en los últimos años) del comportamiento los factores económicos internos de nuestro país y el fortalecimiento reciente de nuestra moneda ha estado más relacionada con el debilitamiento del dólar en los mercados financieros internacionales.

Adicionalmente, uno de los problemas más frecuentes cuando se trata de planeación, es confundir objetivos posibles con deseos. El que esos objetivos a nivel de política se pueden alcanzar, no dependen de la voluntad de los gobernantes, sino de la creación de condiciones que permitan que se cumplan, sobre todo cuando son múltiples los actores y factores (ajenos al gobierno) involucrados en qué ello ocurra.

Frecuentemente, además, encontramos que más que la discusión de los escenarios probables en el entorno existe una marcada propensión a confrontar estas visiones; entre quienes creen en ellas y quienes se les oponen, enarbolando visiones completamente opuestas. Siendo típicamente que ambos extremos incurren en una reducción y sobresimplificación de sus visiones antagónicas, sin que ofrezcan genuinas alternativas viables de acción o de corrección en caso de cambios de entorno.

Particularmente el 2021 tendrá elementos adicionales de incertidumbre de similar dimensión o potencialmente superiores a los que vimos en 2020. Los rebrotes de la pandemia en diciembre (en países como México, Reino Unido o Estados Unidos) llevaron a que los peores días de contagio se presentaran precisamente durante diciembre, lo que mostró que estamos lejos, tanto de un control pleno, cómo de tener un pleno conocimiento de los efectos que aún deberemos enfrentar como sociedad y en cuanto a la economía, como producto de la pandemia.

Por lo anterior es fundamental que a nivel de gobierno, pero también las empresas e incluso las familias, entendamos la relevancia de planear para enfrentar escenarios desconocidos, que no por ello son improbables. Tal vez más que nunca aplica la máxima de “esperar lo mejor, pero prepararse para lo peor”.

Solo estableciendo planes y programas que atiendan la contingencia de corto plazo, sin perder de vista la necesidad de atacar los graves problemas estructurales de nuestro país, estaremos en condiciones de gradualmente atender los efectos de la contingencia sanitaria y recobrar los elementos mínimos que le den estabilidad a la economía del país y de las familias.

Para ello es necesario y fundamental, aunque muy improbable que ocurra, que las fuerzas del país entiendan que la descalificación absoluta de las visiones contrarias y la confusión de sus buenos deseos con realidades probables, sólo conducirá a un deterioro mayor de las variables fundamentales de la convivencia social y de la economía de nuestro país.

raul@martinezsolares.com.mx

Raúl Martínez Solares

CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo

Economía Conductual

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

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