Para muchas personas, pedirles que resuelvan sus propios problemas de ahorro (...) es como pedirles que construyan sus propios autos.

Richard Thaler, Premio Nobel de Economía.

La mayoría de los problemas financieros que la sociedad enfrenta están relacionados, por un lado, con factores estructurales derivados de la propia organización económica de la sociedad que, particularmente las últimas décadas, si bien han corregido problemas previos, también generan desequilibrios y condiciones de desigualdad que afectan las posibilidades de acceso de muchas de las personas a condiciones que les posibiliten alcanzar un mínimo de bienestar financiero futuro.

Por otro lado, factores específicos de la conducta individual de las personas concretas llevan a decisiones y comportamientos negativos que, sumados a las condiciones estructurales antes señaladas, minan las oportunidades de creación de riqueza y de bienestar económico o incluso provocan destrucción patrimonial.

Esta dualidad se presenta con mayor dureza en los segmentos de población de menor nivel económico, en los que las pocas oportunidades y las malas decisiones tienen efectos catastróficos para las personas.

Entre las condiciones estructurales que afectan estos elementos en países como México está el muy limitado acceso a servicios financieros, que impide el sostenimiento de conductas económicas favorables en el tiempo de manera regular y sostenida, como el ahorro, y lleva a decisiones económicas negativas de gasto o nulo ahorro, a la contratación de deuda informal costosa y crea condiciones de vulnerabilidad potencial ante contingencias de impacto económico en temas como de salud.

En algunos casos, parte de la dificultad de acceder a mecanismos formales financieros se deriva de las limitaciones de una industria financiera que con frecuencia muestra poco interés en atender estos sectores de menor ingreso, pero también se acentúa por la resistencia de estos grupos a participar en temas que les resultan lejanos y frecuentemente incomprensibles.

Algunas instituciones a nivel global están utilizando mecanismos de economía conductual para crear mecanismos que favorezcan mejores prácticas financieras como el ahorro.

En un artículo publicado en febrero del 2014 se expone una experiencia desarrollada por el grupo ideas42, dedicado a utilizar estímulos conductuales, en conjunto con Grameen Foundation y Card Bank, que crearon un modelo para favorecer el ahorro de las personas de bajos recursos en el sector rural de Filipinas.

El experimento mostró que algunos de los obstáculos importantes para las familias para crear mecanismos de ahorro recurrente estaban relacionados, en términos conductuales, con la resistencia a realizar depósitos mensuales, a la existencia de cantidades mínimas para abrir cuentas de ahorro; así como a la poca claridad o falta de intención expresa de las personas para tener una planeación financiera de largo plazo.

También es un obstáculo el que las metas de ahorro se perciben como distantes y abstractas, mientras que las necesidades financieras del presente son imperiosas y presentan tentaciones que se alimentan de la orientación a recompensas de corto plazo de la mayoría de las personas.

El experimento buscó establecer mecanismos para incrementar la posibilidad de ahorro y el sostenimiento de la conducta en el tiempo, utilizando palancas conductuales, tales como:

El establecimiento de metas específicas e individuales que propiciaran una mayor orientación hacia el cumplimiento de las metas de ahorro; la creación de mecanismos que favorezcan una visión de compromiso de los nuevos ahorradores para estimular la conducta de largo plazo; el establecimiento de mecanismos que permitieran la personalización de la experiencia de ahorro para cada usuario, de forma tal que cada nueva cuenta pudiera asegurarse de que sus planes fueran consistentes con sus posibilidades y frecuencias de ahorro específicas, sus necesidades y habilidades financieras concretas y con los objetivos puntuales para cada caso.

También se establecieron mecanismos conductuales que permitían que dentro de los contratos las personas señalaran de manera puntual sus objetivos de largo plazo y se crearon grupos de discusión para que las personas pudieran compartir sus objetivos de largo plazo y crear mecanismos de presión de pares.

Se contempló por supuesto la simplificación de los mecanismos contractuales, para evitar el rechazo ante temas que pudieran resultar desconocidos y por lo tanto ajenos.

Los resultados de este esfuerzo fueron muy favorables, incrementándose sensiblemente la participación en mecanismos de ahorro de grupos que tradicionalmente no participaban en dicha práctica.

La conclusión de este experimento es relevante para sociedades como la mexicana, en la que aún existen más de 600 municipios sin sucursal bancaria y millones de personas que nunca han abierto una cuenta de ahorro. Apoyar a las familias para que puedan crear ahorro incrementa sensiblemente sus posibilidades para construir un mejor escenario de bienestar financiero.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual y director general de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.

Síguelo en Twitter: @martinezsolares

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RaúlMartínez Solares

CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo

Economía Conductual

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

Síguelo en Twitter: @martinezsolares