Existen muchísimas formas de manejar el dinero que ganamos. Hay quien utiliza aplicaciones en su teléfono celular para llevar su presupuesto y registrar sus gastos. Algunos lo hacen en Excel. Hace poco conocí a una persona que tenía un presupuesto diario de gastos discrecionales y usaba una libreta para anotar sus compras del día y asegurarse de no rebasarlo.

Todas estas maneras de hacerlo pueden funcionar, porque al final todos somos diferentes y tenemos costumbres, hábitos y comportamientos distintos.

Pero también he conocido a personas que lo han intentado todo y a quienes parece no funcionarles nada. Siempre terminan gastando de más y adquiriendo deudas.

En realidad, la herramienta es lo de menos, lo que importa es el método. Si no aprendemos a tomar el control de nuestro dinero, el dinero termina controlándonos a nosotros. Por eso sentimos que se nos va de las manos sin saber ni en qué.

Tenemos entonces que cambiar la perspectiva y nuestra relación con él. Nuestro dinero tiene que estar a nuestro servicio, hacer lo que le decimos. Eso significa estar en control. El primer paso para ello es entender que cada vez que recibimos un pago (nuestro salario, un honorario, alguna comisión) tenemos que sentarnos y hacernos la siguiente pregunta: ¿En qué me voy a gastar este dinero antes de que me vuelvan a pagar? En otras palabras, darle a cada peso que ganamos un trabajo.

Muchas personas cuando elaboran un presupuesto hacen una proyección de sus ingresos y de sus gastos. Esto desde mi punto de vista es un error, particularmente para quienes reciben entradas variables. ¿Qué pasa si no recibimos la cantidad esperada? Es mucho mejor pensar, simplemente, cómo nos vamos a gastar el dinero que ya tenemos en nuestras manos.

Otro problema muy común es no tomar en cuenta aquellos gastos que no ocurren cada mes. Como por ejemplo la verificación vehicular, el pago del Predial, las vacaciones o el regreso a clases. Esto hace que cuando estos gastos se presentan causen un desequilibrio importante en las finanzas del hogar y nos lleven a tener que endeudarnos. Como no podemos pagar hoy, tenemos que asumir un compromiso de pago en el futuro, con dinero que todavía no tenemos.

Es muchísimo más fácil enfrentar estos gastos de poquito en poquito. Considerarlos en nuestro plan de gastos e ir ahorrando poco a poco, de tal manera que cuando se presenten, tengamos el dinero para pagarlos.

Pero quizá el peor error es pensar que el presupuesto está escrito en piedra y, por lo tanto, no se puede cambiar. Nada más alejado de la realidad. De hecho, un buen presupuesto es una herramienta que se puede ajustar a medida que la vida pasa. Porque no todo se puede planear y siempre hay cosas que se nos cruzan en el camino. Por ejemplo: se anuncia que pronto empieza la venta de boletos para un evento al que queremos ir y que no teníamos contemplado. O nos enamoramos de unos zapatos que además están en oferta. ¿Qué hacemos cuando esto pasa? Mucha gente termina por hacer estas compras de todos modos y termina también gastando de más.

En cambio, lo que se debe hacer es ver nuestro presupuesto, usarlo como una herramienta para ver en dónde podríamos recortar para poder hacer lo que queremos. ¿Qué tenemos que sacrificar para ir a ese concierto sin comprometer nuestra estabilidad financiera?

Esto nos indica que al final, decidir cómo nos vamos a gastar nuestro dinero implica priorizar. Porque el dinero es escaso y no podemos hacer todo al mismo tiempo. Entonces tendremos que decidir qué es lo más importante para cada uno de nosotros.

Entender todo lo anterior es fundamental. Si manejas tu dinero con metodología, en realidad no importa si utilizas una app, una hoja de cálculo o simplemente un cuaderno.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com