Hemos dedicado las columnas recientes al círculo vicioso de nuestras finanzas personales, que tiene que ver con el uso del crédito para pagar gastos irregulares (o algún imprevisto). Como hoy estamos pagando las mensualidades de los gastos del año pasado, no podemos ahorrar para los que vendrán. Por lo cual, tendremos que endeudarnos nuevamente y así sucesivamente.

Mucha gente piensa que no tiene capacidad de ahorro. La tendrían si no tuvieran que destinar parte del dinero que ganan a pagar deudas: cosas que ya compraron en el pasado. Esto les impide construir un patrimonio y les mantiene dentro de este círculo vicioso.

Por eso es tan importante salir de deudas de corto plazo (tarjetas de crédito, préstamos personales o de nómina e incluso, créditos de auto). Si logramos librarnos de todos estos compromisos, podremos usar ese dinero para cosas más importantes: pagarnos a nosotros mismos, prepararnos para gastos irregulares (es más fácil separar de poquito en poquito para que cuando se presenten, tengamos el dinero listo) y alcanzar otros objetivos financieros.

Los pasos son los siguientes:

1. Dejar de pedir prestado. Puede parecer obvio: si queremos salir de deudas, tenemos que dejar de adquirir nuevas. Olvidarnos de que tenemos tarjetas de crédito. Una táctica conductual que puede funcionar muy bien es meterlas en una bolsa bien sellada, colocarla dentro de un envase con agua y meterlas al congelador. Quedarán dentro del hielo. Las estamos, literalmente, congelando.

2. Conocer el tamaño del problema. Hay que hacer una lista de todos nuestros créditos, incluyendo: nombre, tipo de crédito, deuda actual, tasa de interés y monto de la mensualidad (o pago mínimo en el caso de las tarjetas de crédito).

Esto nos permite tener claro cuánto debemos en total y cuánto tenemos que pagar cada mes para mantener esos préstamos al corriente. 

3. Enfocarnos en liquidar la deuda más pequeña. Desde luego, tenemos que mantener todos nuestros créditos al corriente, lo cual significa pagar nuestras mensualidades (o pagos mínimos requeridos) normalmente.

Pero si queremos salir de deudas, tenemos que pagar más de lo que nos exige el banco. Esa cantidad adicional la tenemos que destinar a la deuda más chica, de tal manera que la podamos liquidar rápidamente.

Pensemos por ejemplo que podemos destinar 4,500 al pago de nuestras deudas, pero las mensualidades de todas ellas suman 4,000. Esos 500 adicionales los destinamos a la deuda más pequeña.

Recordemos que hacer un plan de gastos no es más que asignar, a cada peso que ganamos, un trabajo. Decirle al dinero que tenemos en mano, qué es lo que tiene que hacer por nosotros. En este caso, el trabajo principal es pagar deudas. Quizá tengamos que reducir otros gastos discrecionales. Es un esfuerzo que vale la pena.

Una vez que hemos pagado la primera deuda, nos enfocamos en la segunda más pequeña y así sucesivamente hasta terminar.

¿Por qué enfocarnos en la más pequeña y no en la más cara? Tiene que ver con aspectos conductuales: pagamos la primera más rápido, lo cual significa una pequeña victoria. Nos deja ver que sí se puede. Nos motiva para atacar la que sigue. Hay varios estudios que demuestran que, en general, este es un método más efectivo en el sentido de que tiene un mayor porcentaje de éxito, aunque sea menos eficiente desde el punto de vista financiero.

Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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