El foco de la subjetividad es un espejo distorsionado.

Hans-Georg Gadamer, filósofo alemán.

Permanentemente, pero tal vez con mayor frecuencia en las últimas semanas (y seguramente en las siguientes), las personas y las familias continuamente recibimos información, fundada o infundada, que nos lleva a evaluar la incertidumbre en el futuro económico del país y su impacto para la vida económica de las familias.

Especialmente en esta época de información rápida y breve, uno de los grandes riesgos estriba en que la simplificación de la información puede llevar a las personas a tomar la información como cierta o falsa, sin entender que dicha la simplificación oculta los matices y alternativas diversas que, con un análisis más puntual, la misma información podría ofrecernos.

Hablar, por ejemplo, de la situación económica del país puede llevarme (especialmente en entornos como las redes sociales) a la generación de juicios que por tratar de ser absolutos son imprecisos. Y más allá de que es evidente que dichos medios son propicios para la generación de información precisa y analítica, la realidad es que, además, los seres humanos tenemos una precondición que nos lleva de manera casi inmediata a analizar la información que recibimos (particularmente la que está sobresimplificada) a la luz de nuestra opinión general (y casi siempre absoluta) al respecto: si coincide con nuestra visión se toma como un hecho objetivo; mientras que si contradice nuestra percepción actual se descalifica completamente, sin análisis y sin importar su fundamento; así lo demuestran estudios como uno recientemente publicado por Michael Gilead en la revista Social Psychological and Personality Science.

El problema fundamental estriba en que ni toda la información es accesible, ni todo el mundo cuenta con los conocimientos mínimos necesarios para analizarla para comprender su entorno o tomar las decisiones económicas o financieras (o de cualquier otra índole) que más le convengan.

Cuando se trata de emitir opiniones, los riesgos de la subjetividad y del análisis simplista de la información no son especialmente relevantes. El problema radica en aquellos casos en que, a partir de una visión sobresimplificada y de información parcial o no fundada en datos objetivos y corroborables, pretendemos tomar decisiones que pueden tener una repercusión de corto mediano o largo plazos sobre nuestra vida económica, personal, familiar o incluso de la sociedad en la que estamos inmersos.

Un ejemplo de ello se produce cuando se emiten juicios y se trata de tomar decisiones al respecto en temas relacionados con la economía nacional. Parecería que, para efectos de opinión, la sobresimplificación de la información nos hace necesariamente pensar que la evolución económica reciente de nuestro país está en un lugar intermedio entre pésima y muy mala. Sin embargo, si bien es evidente que existen factores en los que claramente la evolución de la economía ha sido deficiente, existen datos concretos y duros que muestran que se tienen datos favorables en muchos sentidos y otros que, aun siendo mediocres, distan de ser los peores escenarios posibles.

Aceptarlo no implica, como parecería en algunos juicios, un respaldo irrestricto y absoluto a gobierno, partidos o visiones económicas en particular, pues al final de cuentas el desempeño económico es mérito de las personas y empresas (únicas que generan valor real en la economía). Se trata simplemente de datos. Pero cuando estas preconcepciones interfieren en nuestras decisiones, pueden afectarlas de tal forma que generan resultados negativos.

Por ejemplo, cuando ante escenarios de volatilidad cambiaria e incertidumbre las personas toman decisiones de ahorro o de inversión basados en supuestos absolutos que no analizan las condiciones reales de la economía y sus expectativas, típicamente tomarán decisiones subóptimas porque contemplan escenarios que no están fundados en la realidad.

Evitar la sobresimplificación en el análisis de información y evitar que nuestros juicios subjetivos y percepciones determinen la naturaleza de nuestras decisiones económicas es fundamental para alcanzar el bienestar económico futuro y el de nuestra sociedad.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual, profesor de la Facultad de Economía de la UNAM y Director General de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo. director_general@mb.com.mx – síguelo en Twitter @martinezsolares

Raúl Martínez Solares

CEO de Mexicana de Becas

Economía Conductual

Desde 2006 fue Director Comercial de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo y a partir de enero de 2012 es Director General de esa empresa.

Es especialista en temas de estrategia de negocios y mercadotecnia; Economía Conductual, cambios demográficos y ahorro previsional de largo plazo, como pensiones y ahorro educativo.