Un blindaje adecuado para nuestras finanzas personales debe tener dos componentes: la prevención, que es muy importante porque nos ayuda a reducir el riesgo de que nos suceda algo malo. Sin embargo, no lo elimina por completo: aún podemos ser vulnerables ante una situación externa, como un accidente que nos impida volver a trabajar o un terremoto que destruya nuestro hogar.

Por eso nuestro blindaje no estará completo si no añadimos una capa de protección que, dicho sea de paso, debe ser bastante gruesa y tomar en cuenta todos los aspectos que son importantes para nosotros: nuestra independencia económica, la seguridad de nuestra familia y de nuestro patrimonio, entre otras muchas cosas.

Esto lo menciono porque mucha gente pierde de vista aquello que es realmente importante. Por ejemplo, muchísimas personas aseguran el coche, pero no la casa. Es cierto que es más probable que choquemos o que nos lo roben. Pero nuestro hogar representa en la gran mayoría de los casos nuestro activo más importante. Si lo perdemos, estamos perdiendo casi todo: su valor, las cosas materiales que tenemos dentro, pero también el techo que hemos dado a nuestros hijos y los recuerdos y sentimientos que ahí se han acumulado.

Entonces tenemos que pensar muy bien qué es lo que tenemos que proteger y cómo lo queremos hacer; eso empieza con pensar en qué es lo más importante para nosotros y entender cuáles son las situaciones que podrían tener una consecuencia devastadora para la familia o para nuestros objetivos de vida. Es un ejercicio intenso de introspección y reflexión que nos ayuda a determinar nuestras prioridades en materia de protección.

Ahora bien, hay distintas maneras de proteger lo que es nuestro. Están los seguros, que sirven para proteger riesgos que pueden tener consecuencias financieras mayúsculas, como una enfermedad grave o la pérdida del sostén económico de la familia. Está el fondo para emergencias, que nos ayuda para situaciones imprevistas de menor alcance o para cubrir el deducible de nuestros seguros, además de que puede ser usado para situaciones que no se pueden asegurar, como, por ejemplo, ser víctima de una estafa. También está el testamento o los fideicomisos testamentarios, que nos ayudan a proteger a nuestros hijos en caso de que ambos padres falten y para garantizar que nuestros bienes queden en buenas manos.

En el mercado hay infinidad de productos diferentes y no es sencillo compararlos de manera adecuada. No se trata nada más del precio: es muy importante el alcance de la cobertura y si ésta es adecuada realmente para lo que necesitamos. En este sentido, nuestra prioridad debe ser contar con la cobertura más amplia que podamos pagar. Aun si eso significa tener que aceptar un deducible más elevado, el cual, en dado caso, podríamos cubrir, como ya mencionamos, usando el fondo para emergencias.

Tristemente, muchísima gente compara únicamente el precio. Esto suele ser un grave error, porque el alcance de la cobertura de dos seguros que aparentemente son parecidos puede ser radicalmente distinto. Hay que comparar el producto completo y buscar el mejor costo-beneficio para nuestra situación particular y para nuestras necesidades de protección.

Por otro lado, es importante conocer las coberturas que ya tenemos, como las que incluye nuestra tarjeta de crédito o débito. Poca gente las conoce y las utiliza, pero hay algunas que son importantes, nos pueden sacar de un gran apuro o nos pueden ahorrar mucho dinero. Un ejemplo: el seguro de garantía extendida que en ocasiones es gratuito para ciertos tarjetahabientes, el seguro de automóviles rentados o incluso el de accidentes en viajes.

Además, tenemos que leer nuestras pólizas para conocer bien qué cubren y cómo lo cubren, qué excluyen y cómo usarlas en caso de necesitarlo. Si no entendemos algo, podemos preguntar a nuestro agente de seguros; los buenos entienden que su principal labor es asesorarnos y si no sabe explicarnos es señal de alerta, busquemos otro que sí esté dispuesto a ayudarnos y que sepamos que estará ahí para apoyarnos en caso de que necesitemos presentar una reclamación.

Finalmente, es importante mantener actualizados nuestro testamento y a los beneficiarios de nuestras distintas pólizas de seguros. Mucha gente no lo hace y resulta que se divorció de la pareja que tenía cuando compró la póliza, construyó una familia con otra, pero jamás actualizó al beneficiario; lo mismo con el testamento. Por otro lado, es importante que nuestros seres queridos sepan en dónde encontrar esos documentos, en dado caso.

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JoanLanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com