El mensaje que sale por el altavoz de las patrullas se escucha casi cada cinco minutos, es una voz metálica, casi robótica que invita a los ciudadanos a quedarse en casa. ¿Cuándo lo hubiéramos imaginado? ¿Qué novelista habría inventado una historia así? El mundo entero sin tener lugar a dónde correr, un letal enemigo común que como pasa inadvertido en 80% de los casos, nos hace vernos a todos como sospechosos; que tiene como objetivo a las personas mayores y es casi imperceptible en los niños. Que nos deja convivir con más de metro y medio de distancia, pero si intercambiamos objetos, nos vemos obligados a desinfectarlos como si en ello se nos fuera la vida. Que ese enemigo letal que ha puesto a la economía mundial en jaque, que ha contagiado a más de 1 millón de personas en el mundo y cobrado la vida de más de 50,000, se destruye con agua y jabón.

En las últimas semanas, la vida nos cambió por completo. Los niños dejaron las escuelas a medio curso, aun sin tener certeza de lo que pasará con el resto del año escolar. Quienes pudieron comenzar a trabajar desde casa, así lo hicieron; los menos afortunados se quedaron sin empleo; otros no pueden parar: profesionales de la salud, la industria alimenticia, los medios de comunicación, personal de limpieza y muchos otros que a diario se convierten en el último motor que mantiene encendido al país.

Cecilia tiene más de 60 años, diario se ha dispuesto limpiar una parte de su casa, pero a propósito la deja sin terminar, dice que así lo hace, porque si no, no tendrá que hacer al día siguiente.

Lourdes es empleada del hogar, su hijo cumplió años y por primera vez no lo pasó con él, piensa que ir a casa es poner en riesgo a su padre, quien ya es mayor y tiene problemas de salud.

La familia de Claudia no ha dejado de ir al hospital, son visitantes frecuentes de hace más de un año, el obligado encierro ha sido para su esposo, una oportunidad de vida para disfrutar de su familia de tiempo completo.

Verinda tiene en casa a sus padres, divorciados, por cierto. Hoy escucha esas historias que de adolescente ignoró.

Aun así, dentro de estas historias que se aferran a encontrar algo positivo en medio de la tormenta que a todos nos arrasó, se cuentan noches de insomnio, cuerdas de vida amarradas a videoconferencias con los amigos, cuentas de banco por pagar, empleos en el limbo, angustia por los mayores, por los ya enfermos, por los obesos, por todo aquel que pueda ser parte del grupo vulnerable. Angustia ante un futuro incierto.

No hay viaje sin lección, todos tendremos algo que aprender. Pero decir que la situación te ha venido como anillo al dedo es de una insensibilidad, miseria y ambición sin medida.

De estas historias, ¿sobrevivirá nuestra memoria?

Pamela Cerdeira

Periodista, conductora, locutora, escritora y comunicadora mexicana

Columna invitada

Periodista, conductora, locutora, escritora y comunicadora mexicana. Conduce el programa "A Todo Terreno" en MVS Radio. Ha escrito para diversas publicaciones y trabajado en distintos espacios en radio y televisión.