Muchos modelos de decisión financiera parten de la premisa que las personas podemos sentarnos a analizar la información disponible, reconocer nuestras alternativas y tomar la mejor decisión aplicable, siempre contemplando nuestro bienestar financiero futuro.

Pero para la mayoría de las personas, las decisiones financieras se realizan en contextos caracterizados por información imperfecta, amplia, frecuentemente contradictoria y, en ocasiones, difícil de discriminar en términos de su validez. Por otro lado, las decisiones en la mayoría de los casos se realizan en medio de lo que se conoce como “sobrecarga cognitiva”; que se refiere a la presencia simultánea de factores de decisión menor y cotidiana, de información adicional sobre tópicos diversos y a la existencia de distractores que compiten por nuestros recursos de conocimiento y de atención.

En el estudio “Time preference under cognitive load-An experimental study”, se analiza el efecto en las decisiones, de la utilización de dos tipos de memorias: la primera, de trabajo (de corto plazo), con la que el cerebro procesa información y que usa activamente en los procesos para completar una tarea y, la segunda, la memoria de largo plazo, que tiene una capacidad casi ilimitada para administrar información, de forma organizada y para usar el conocimiento adquirido.

La investigación sometió a los participantes a sobrecargas cognitivas altas o bajas, con el fin de determinar cómo esta sobrecarga puede influenciar las decisiones relacionadas con preferencias temporales.

En términos financieros, por ejemplo, las decisiones de preferencias temporales se refieren a la decisión de gastar hoy o ahorrar para mañana, ponderando los beneficios de una recompensa de corto plazo, contra una de largo plazo.

El experimento también intentó comprender cómo la exposición a sobrecargas cognitivas afecta las conductas impulsivas, frecuentemente relacionadas con malas decisiones financieras.

A mayor sobrecarga cognitiva, las decisiones tienden a estar más orientadas al presente y a ser más impulsivas. Cuando la memoria de corto plazo se sobrecarga, las personas tienden a evitar tomar decisiones que involucran un mayor grado de incertidumbre. Este proceso, de evitar las decisiones favorece la procrastinación en temas cuya postergación resulta más grave y costosa en el largo plazo. Cuando la decisión no se posterga, se tiende a preferir las soluciones más simples, que impliquen el menor nivel de involucramiento o que no impliquen un cambio en la conducta o condición actual de las personas (por ejemplo, las decisiones que nos llevarían a dejar de gastar en el presente o a ahorrar más).

Se encontró particularmente que la utilización intensiva de dispositivos móviles, de manera constante, sobrecarga de información y disminuye la capacidad cognitiva para tomar decisiones favorables sobre temas más complejos; siendo este factor de distracción el que contribuye a reducir la toma de decisiones en entornos inciertos y a favorecer las decisiones impulsivas con una orientación de corto plazo.

Nuestras decisiones más complejas y de mayor trascendencia, requieren más concentración y mejor análisis de información, para evitar que éstas tengan consecuencias negativas en el futuro.

raul@martinezsolares.com.mx

Raúl Martínez Solares

CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo

Economía Conductual

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

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