Con el agravamiento de la crisis derivada de los excesos fiscales y la enorme deuda acumulada en varias economías, los ajustes necesarios han incluido fuertes recortes en el gasto público y, por lo tanto, despidos de personal, menos contratos a proveedores y reducción de beneficios para la sociedad.

La reacción lógica fue una drástica reducción en el consumo y la inversión, lo que ha derivado en menores flujos comerciales entre las diferentes economías y pone en riesgo el crecimiento sostenido de las economías llamadas emergentes, cuyo éxito en los pasados años estuvo basado en una exitosa incursión en el comercio mundial. El colmo es que en algunos lugares han surgido reacciones para limitar los flujos de comercio, erigiendo trabas arancelarias y de otro tipo para los flujos, lo que en lugar de ayudar a resolver el problema terminará por agravarlo.

Al parecer, el enorme y eterno problema de la confusión de algunos políticos, combinada con su necesidad de dar resultados en el corto plazo, es lo que termina produciendo resultados nefastos. Ya lo constatamos en el área de las finanzas públicas, que fueron llevadas al extremo por la idea de otorgar beneficios sociales universales sin contar con los recursos necesarios.

En principio, conviene recordar que el comercio permite una más eficiente asignación de recursos en el mundo, al permitir que quien pueda producir más barato un bien lo haga y lo exporte a aquellos sitios en donde producirlos será sumamente caro.

El costo no sólo tiene que ver con los costos monetarios directos; involucra también los denominados costos de oportunidad, que surgen, por ejemplo, cuando alguna economía decide producir bienes utilizando un recurso sumamente escaso en ese lugar, al cual no se le asigna su verdadero costo, porque dicho recurso está administrado directamente por el gobierno.

Cuando se involucra el medio ambiente surgen nuevos y muy poderosos argumentos para concentrar la producción de algunos bienes en aquellos lugares en donde el daño al planeta y su medio ambiente no sea tan elevado. No obstante, muchos gobiernos, obstinados en la protección del bienestar de su sociedad, argumentan que deben seguir produciendo ciertos bienes a costa del medio ambiente ya que, de no hacerlo, enfrentarían un fuerte problema de desempleo. En estos lugares hay que mostrarles que la mano de obra, aun la especializada, puede entrenarse nuevamente para ocuparse en otras actividades.

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